8 de enero 2001 - 00:00

Cupones Bursátiles

...Y hay que seguir con Alan, el veterano de casi ocho décadas y que tuvo el privilegio de vivir de cerca el crac de 1929, el de 1987 ya como funcionario a cargo de la Fed, y estos cimbronazos que venían a finales de 2000. El hombre show en el mundo económico, capaz de torcer cualquier destino -a favor y en contra- generó una baja dual de tasas el miércoles, después agregó otra para emparejar a los dos referentes. Greenspan, sobre quien ya se alienten expectativas de que a finales de mes -como estaba previsto- vaya a agregar una baja adicional (la voracidad de los operadores que pagan culpas de sus excesos ¡es infinita!) es el dueño del comienzo del tercer milenio, mientras lo alienta fervorosamente el «cowboy» elegido para la presidencia y quien manifestó su beneplácito por «la audacia demostrada», con lo hecho por la Fed.

Pagaríamos, seguramente muchos también, por saber qué conversaciones íntimas sostiene el viejo Alan, referido a esto. Y así como trascendió que fue presionado por el nuevo gobernante para realizar esas quitas, la otra posibilidad es que la haya determinado por propia decisión: en tal caso, amigo lector, hay una cuestión muy preocupante para el futuro. Porque lo que intenta Greenspan es un «salvataje» de última instancia, para mercados que ya no tenían solución al crac.

Hay que ser algo veterano, y muy memorioso, para recordar aquello del crac de 1987 y las acusaciones que debió afrontar este mismo Alan, en la ocasión. Nosotros lo tenemos en revistas de aquel entonces, y mientras los japoneses indicaban al juego de las «opciones» en Norteamérica, como el factor de desastre, en la interna se acusaba a Greenspan: de haber actuado muy tarde en inyectarle liquidez al mercado -baja de tasas-, un lunar en su trayectoria que -seguramente- el viejo zorro no quiere ver repetido. Esto es: si todo se va a desplomar, que lo haga. Pero no que se lo involucre como determinante por no haber actuado.

¿Hasta dónde tal rebaja puede salvar a un NASDAQ que venía escorado y con un torpedo en la línea de flotación?, es la gran pregunta que deberá responderse. Si hay que volver a tirar un salvavidas a fin de enero, a nosotros nos indicaría que la situación en muchísimo más grave que la imaginable hasta hoy. De entrada, todo el mundo salió a festejar, pero conviene analizar qué hay de grueso detrás de esa salida totalmente súbita, de un funcionario que ha sido muy cauto. Si esto fue echar dinamita para apagar el pozo incendiado, puede dar resultado. Pero si actúa como nafta, mejor que nos agarremos de los asientos en 2001...

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