27 de febrero 2001 - 00:00

Cupones Bursátiles

Estamos viendo en televisión la publicidad oficial recomendando, sugiriendo al inversor local, que ahorre con bonos del Estado que llevan una denominación similar a lo que proponen. El lector quizás se anticipe a lo que vayamos a discernir sobre esto, pero seguramente se equivoca en la ocasión. Lo que nos generaba ver tal propaganda era ¿y quién promociona la inversión en Bolsa de papeles privados? ¿Cuándo se saldrá a la calle a competir con el producto entre tanta oferta que inversiones que cubren los medios? Respuesta: nunca. Y siempre el sistema se movió en un juego singular, para evitarse una tarea que debiera ser básica. En épocas de boom, cuando el mercado sale con espuma, el argumento es «no es necesario, si esto funciona sólo y los agentes ya no quieren más clientes chicos». En las crisis, «no, es plata tirada, nadie quiere oír de inversión de riesgo con lo que está pasando». Sería bueno preguntarse ¿qué hace el Estado promocionando nada menos que títulos de deuda pública, cuando se está en estos tiempos de crisis? El error conceptual, que cometen también muchos empresarios privados cuando se niegan a la promoción de lo suyo, es partir de la creencia de que eso es un «gasto» y, además, inútil. O tratar de medir de modo inmediato cuanta clientela le trajo el haber publicitario.

Así, poco a poco, las nuevas generaciones fueron ignorando la inversión bursátil, porque nadie se encargó de inculcar la imagen sin importar zonas de tendencia. El sembrar para después recoger, el colocar en escena un producto que goza de fantástico desconocimiento en la población. Y a esto viene bien la referencia de «algo de lo que no se habla, no ha existido nunca». Se ha ignorado totalmente que la mujer moderna ha aumentado de modo notable su presencia en los mercados, asumiendo toma de decisión, y estadísticas de los Estados Unidos y Europa la muestran como una legión que antes no participaba de estos mercados machistas, pero que asumen con fruición. Cada vez más distante del ciudadano común, creando un foso que separa al recinto de la vida comunitaria, está sintiendo de modo alarmante la pérdida de adherentes de élite, de quienes se han ido saliendo de la inversión y de los veteranos que van desapareciendo, sin que el lugar lo ocupe nadie.


Ahora, habrá una «consultora» internacional analizando la problemática de nuestro medio: veremos qué dice de la total división entre la Bolsa y la gente, la carencia de difusión persistente y aguda, y ese enquistamiento que tanto habla de mundo globalizado -al que quiere pertenecer-, como se amuralla del modo más hermético.


Pasó la época de «despachar» mercadería, ahora hay que salir a buscarla, o...

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