8 de marzo 2001 - 00:00

Cupones Bursátiles

Nos fuimos al entretiempo con Machinea, volvimos con López Murphy. En el comentario sobre el viernes, que podríamos haber cambiado, preferimos dejarlo tal como lo habíamos escrito al culminar esa rueda y donde todavía no se sabía públicamente. Y ese final a toda orquesta, que nos motivó a decir que respondía a cuando hay alguna novedad gruesa en ciernes, merece una apostilla también: porque obró nuevamente el adelanto, los que están en la noticia y la aprovechan de inmediato, mientras el grueso de los participantes no sabe a qué se debe. Una suerte de «información confidencial», que tiene que partir desde el círculo íntimo que rodea a los funcionarios y que llega a los que ven el modo de sacarles partido material por encima de todos. Curioso fenómeno siempre repetido y donde nadie debe tener temor a cuidarse: porque esto nunca será seguido, no sancionado. Se llevaron cuanto pudieron y esperaron al lunes... todo confirmado y ver qué sucedería con el «Señor Mercado», que si festejaba la ida de Machinea debía responder a favor con quien resultare designado: y así fue. En esas primeras ruedas pos-algo, a las que hemos siempre dejado de lado por todo lo que las rodea. No sólo aquí, en casi todo el mundo, ante ciertos eventos se disponen «cordones oficiales» -en ligazón con privados-como para dar la imagen que se pretende dar.

La «exuberancia» en precios, con $ 40 millones de volumen, que no era mucho, impuso de un vendedor en ausencia y órdenes fuertes sobre papeles clave. Ergo, 10 por ciento de aumento en el Merval criollo. Sin que el nuevo funcionario abriera siquiera la boca, decíamos sobre esa rueda que «había cotizado la marca» de manera estruendosa. Se nos ocurre un beneplácito mucho mayor de afuera, del acreedor, del Fondo, que de adentro. Más esa aprobación del propio Menem (que da bastante para pensar...). Esperar y ver, es nuestra estrategia. Y si uno imagina que todo cambia, por cambiar un equipo, muy sencillo sería solucionar todo problema en el mundo. Si un equipo económico se va, de éste modo, queda la huella grabada: todo se estuvo haciendo mal. Esto siempre parece olvidarse. Pero, después no pregunten por qué la gente, el consumidor, tiene miedo...


De López Murphy nos queda la imagen de la única vez que lo vimos: una nota para revista «La Bolsa». De trato frío, casi rayano en la expresión de fastidio. Se negó a que le sacaran fotos (después de ensayar explicaciones varias, admitió tres, que así salieron...) y su perfil se nos apareció como el de «general de escritorio», con mucho libro y escasa sensibilidad.


Se nos sintetiza la imagen en que aquello de «la economía debe estar al servicio de la gente» (para él, es al revés). Que haya suerte.

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