21 de marzo 2001 - 00:00

Cupones bursátiles

Hay que llenar la columna... ¿con qué? Es la pregunta que nos hacemos y la única salida es emplear el método de aquel famoso «soneto» que se iba haciendo sólo. ¿Recuerda? «Un soneto me manda a hacer Violante, que en mi vida me he visto en tal aprieto. Catorce versos dicen que es soneto, etc., etc.» Lo maravilloso de esa poesía didáctica, una de las más bellas creaciones -a nuestro gusto-es que todo quien la lea aprende, al cabo de sus versos, sobre qué es y cómo se compone un soneto. Que son catorce versos, que se dividen en dos estrofas de cuatro y dos de tres... Es la diferencia: con esta columna no va a salir aprendiendo nada, pero el recurso sirve porque ya estamos en la tercera parte de la misma, tratando de que se haga sola. Usted dirá ¿pero cómo?, no es posible que no tenga tema para llenarla. ¿Le parece que hay un tema serio para hacerla? Quiere que le hablemos de algo que tenga que ver con la Bolsa, de la reunión del sábado en apoyo a López Murphy. Si a renglón seguido -el domingo-se hablaba de un Cavallo que pedía «control sobre la economía» y a ciertos salidos de la Quinta de Olivos explicando que quizás se irían a suavizar los términos sobre lo educativo, como si nada de lo anunciado quedara muy en firme. ¿Quiere que evaluemos un pasaje que ni Macedonio Fernández hubiera podido imaginar? Como esa inverosímil sensación del fin de semana: de un Presidente sitiado desde los partidos que lo llevaron al poder, llamando de urgencia a todos sus opositores naturales y como para formar un dibujo fantástico. Ser Presidente por la oposición, con el oficialismo puesto en el papel opuesto. No, demasiado para un periodista de luces limitadas, como nosotros...

Y esto se remataba con un lunes a la mañana, donde el Presidente y su ministro de Economía viajaban a Chile a presentar... ¿qué? Uno se pregunta si se puede creer, cuando no hace un mes Machinea se hizo su gira por los principales estrados del mundo, explicando la economía argentina. Y, de pronto, ese funcionario no está más. Adentro, y eso que los ciudadanos hemos visto de todo, existía la boca abierta de asombro, en un fin de semana donde los medios ametrallaban con vivencias de fantasía. Imaginemos afuera, acostumbrados a cosas algo más estables, seguir de cerca el vértigo y cambios de ángulos de las situaciones. ¿Qué puede salir, de personaje bello, cuando se lo arma al estilo del Dr. Frankenstein? Un brazo de aquí, una pierna de allá, la cabeza tomada de un tercero, gruesos costurones para unir los miembros... Un Cavallo que se ofrece, pero exige. Un Menem que está dispuesto «a participar». Nos declaramos incapaces absolutos de balbucearle algo sobre Bolsa y reacciones. La columna se hizo sola, el espacio se ha llenado, pero resulta tan incoherente como el escenario donde se gestó. Perdón, lector...

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