16 de octubre 2001 - 00:00

Cupones Bursátiles

Suba sobre suba, dos saltos (o un doble asalto, al estilo Jordan, donde se eleva uno después de estar ya en el aire) no son -en Bolsa-dos subas. Suba sobre suba, implica alcanzar un escalón con aumento de 4% y -sobre eso-otro 4% de incremento. Parece una cuenta elemental, de las de primeros grados, pero conviene refrescarla porque se suele perder el sentido, la dimensión, de los avances. Claro, en un año como el que corre, donde el mercado ha llegado a perder la mitad de su valor de fin de 2000, cuando se perdió una cuarta parte en un solo mes, dos o tres días de subas -aunque fuertes-siempre parecen escasas. Pero, esto es para el que viene remando desde lejos, para el de atrás y al que le han carcomido hasta las botamangas de la cartera. Sin embargo, están los que entraron de refresco, los que decidieron que los mervales en zona de los «200» puntos eran una cifra interesante para arriesgarse: y esos señores, que acertaron, tienen la gran diferencia de inmediato. En solamente tres días, cuatro, llevar de diez, a quince por ciento. Y se ha dado con casos particulares donde las alzas fueron muy superiores al promedio, acaso se estén llevando veinte por ciento, o más, en menos de una semana. Mucho, para cualquier mercado del mundo, y muchísimo más en donde se trabaja sin inflación y con tipo de cambio fijo. Una suba, en dólares, de quince o veinte por ciento semanal, es descomunal. Pero, no hay mucho lugar para el asombro, ya que en la misma Wall Street se han disparado con porcentuales de ese tenor. Cierto, ellos, también están superando un año duro para la inversión de riesgo...
 
El asunto es que se debería mirar, al unísono, árbol y bosque. Si se viene de más atrás, no esperar que el movimiento se vaya a desquitar gran parte de lo perdido en una sola vuelta. Jugar junto con los dientes del «serrucho» de la tendencia, y si cada vez el piso queda un tanto más arriba, se afirma la reversión. Pero, en tales condiciones que se viven, esto resultaría milagroso... Pensando en lo más lógico, se forman pequeños oasis en medio de un terreno que prosigue árido y desértico, imposible para sembrar y cosechar. Moverse como si uno recién hubiera entrado a la Bolsa la semana pasada, es una interesante medida para poder hacerse de diferencias, que vayan paliando la pérdida extendida. Como decía Almafuerte, «a veces hay que ser un león y a veces paloma. En el secreto de las transformaciones está el éxito...». Son tiempos para jugar de león y paloma, buscando acomodarse al mercado y no esperar a que éste se acomode a uno. Gritar «soy un inversor» es quedarse con la bandera, solo en la colina. Los «clásicos» también aconsejaron siempre, ser el tipo más flexible al enfrentar el mercado. El único modo de pasar las hondonadas.

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