15 de noviembre 2001 - 00:00

Cupones bursatiles

«Ninguna de las cosas sería buena, ni el default, ni la devaluación...», pontificó el amo del Norte. Con esto nos quedamos más tranquilos, como todo argentino que ahora posee la clave para el resurgir. No hay que entrar en cesación de pagos, tampoco devaluar. Y punto. Es todo lo que consiguió la delegación nacional, que había ido hacia allá para avalar problemas de ellos, aunque suspiraban para ver si conseguían (si no era dinero, al menos un bocadillo de gran respaldo) una especie de triunfo ante la opinión pública.

La realidad golpeó duramente la cara de esos funcionarios. La Argentina se las tiene que arreglar como pueda y --ade-más-embretada en ese estrecho pasadizo, que se encargó de delimitarle Bush: no hagan esto, ni aquello otro, caminen de costado. En puntitas de pies, pero ni se les ocurra... Y allí, si uno es ciudadano que intenta leer entre líneas, puede llegar a concluir que más valía no haber tenido esa entrevista. Porque, justamente, no logró nada de lo que iba a buscar y se tuvo que traer algo más que una sugerencia, una especie de advertencia, del máximo poder que ordena quedarse encorsetados y no dice, lógicamente, cómo se puede seguir manteniendo la situación sin hacer nada. Trascartón, la noticia del accidente -o vaya a saber qué- de aviación copó todos los ambientes del lunes: le tendió un manto de piedad, una oportuna cortina de humo, para que nuestros gobernantes salieran de la discusión del primer plano y debiendo afrontar ese fracaso de gira.

La tapa de
Ambito Financiero hacía resaltar, en un recuadro, la nueva cifra fatal: «Diez provincias con bonos privados». Para nosotros, la novedad más nefasta de estos meses y que nos retrotrae a las épocas de la «Caja de Conversión» y cuando la Argentina era un mosaico de pequeños estados, cada uno con su moneda, cada uno haciendo la suya y en una especie de todos contra uno (la Capital), o uno contra todos (las provincias). Hay quienes auspician y festejan tal tipo de decisiones y de emisiones de mala moneda, de cuasi moneda, de moneda análoga -o vaya a saber qué engendro es, tal tipo de bonos-y hasta hemos visto al pasar en una pantalla, donde no pudimos retener el nombre, que cierto economista aconsejaba la emisión multiplicada de esa «tercera moneda» para restablecer la liquidez de la economía (y todo eso...) Hacia qué terrible embudo estamos yendo, qué horas difíciles nos esperan a la vuelta de la esquina. Casi para pensar en que esto de hoy resulte la buena, comparado con aquello que venga. Para peor, ahondando los males con los parches y estiramientos de situaciones. (Nota: la Bolsa local abría el lunes con apenas cinco millones, casi no bajaba, y resultaba el gran milagro del día...)

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