7 de diciembre 2001 - 00:00

Cupones Bursátiles

¡Qué bien que la hacen!... cuesta encontrarle la vuelta, pero cuando uno llega a cierta conclusión lógica, advierte la trama finamente tejida. Trama por medio de la cual, los autores de la maniobra a implementar se colocan en posición de padres virtuales de cada poblador y se enumeran las normas que serán --obviamen-te-para protección de ciudadanos, que traen todo un historial argentino de esperar pastores que guíen y hombres providenciales, en quienes dejar el bastón de mando y que conduzcan. Se pueden ensayar varias hipótesis acerca de la argumentación principal, para promulgar una «bancarización» compulsiva de viernes para lunes. El primer chiste pesado, repetido por varios alfiles del poder, es mencionar que «es el modo en que se manejan en el primer mundo...». ¡Sí, claro, pero ninguno de los países lo impuso de la noche a la mañana y sin contar con los elementos necesarios!

Tras mucho buscar, saliendo de la polémica sobre si se beneficia a los banqueros (que, indudablemente, habrán pedido ventajas para comerse ese canje grotesco de bonos) o a quién otro, la idea-fuerza que nos queda como razón principal es la de provocar una «dolarización de hecho», con perfil de voluntaria y sin quebrar el principio nominal de la convertibilidad. El modo de conseguirlo es marcar el camino con flechas precisas, y con un sendero estrecho, que lleve inequívocamente al ciudadano: a dejar de actuar con pesos y utilizar el dólar, como moneda exclusiva. Si alguno protesta o se opone a la dolarización -como efectivamente se habían opuesto, especialmente desde la Fed-, lo que se dirá es: «Se trató de una preferencia de la gente, que utilizó la convertibilidad y se quedó con los dólares...».

La trampa está en que pesos no había, y que se podía haber hecho a la inversa: dando rol principal al peso y no al dólar, lo que suena a más defensor de los honores argentinos, y fabricando bloqueos para que se dejaran de convertir esos pesos en dólares. Secar a la plaza como lo han hecho es un método tan brutal que no tiene la mínima justificación (porque solamente Cavallo puede pensar que alguien que cobra un sueldo lo irá a esterilizar en dólares. En realidad, sabe que no es así, pero el asunto era arrancar al peso del escenario en un fin de semana y que nadie se diera cuenta de ello). Imponer la dolarización (borrando, también, el crédito en pesos) pero, bajo un manto cubierto, y tejido, de otras razones menores y hasta pueriles. Ciertamente que estamos anestesiados los pobladores, casi como para tomarnos el pelo en la propia cara: y con otras muestras, como la de llamar a conferencia de prensa para anunciar cambios que eran los de dar $ 1.000 juntos, o separados, y que suene a una «mejora» (los ferroviarios levantaron una huelga que habían programado, en protesta por los $ 250). Te quito el reloj, te digo la hora. Soy cada día más bueno. Agradecé.

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