18 de diciembre 2001 - 00:00

Cupones bursátiles

Anunciaron la tasa de desempleo, por arriba de 18%, también dieron a conocer todo un récord en lo que hace a la avalancha de cheques rechazados. Las dos estadísticas eran muy previsibles. La diferencia está en una era inevitable, la del desempleo, pero la otra estuvo absolutamente favorecida por medidas de insólita laxitud: que devolvió al circuito a algunos desafortunados, honrados, que pudieron retornar a la chequera... Pero, también, a muchos delincuentes, estafadores, amigos de lo ajeno, como le quiera llamar. Que se vieron beneficiados por una amnistía y permiso «de caza»: en el peor momento de una crisis, cuando todo se tiene que mover con el mayor celo. Imaginemos la industria del cheque sin fondos, lo mejor del último trimestre, porque primero apareció un Cavallo autorizando la vuelta al ruedo de todo el mundo. Y, de inmediato, una captura del dinero efectivo y la bancarización general: con lo cual, el instrumento del cheque se ha hecho imprescindible para la vida comercial. Sumado a la desesperación de los comerciantes por vender, de los empresarios por cobrar, la brecha justa para enchufar esos cheques explosivos y que derrumban todavía más la cadena de pagos: porque la convierten de dura, a imprevisible. Y éstas son las cuestiones que no pueden entenderse y que el ministro de Economía y sus apoyos políticos no alcanzan a explicar: no solamente no apagar incendios heredados, sino generar nuevos focos que nadie había imaginado. Como esto de abrir las cárceles comerciales, para que salieran todos los penalizados durante años por emitir cheques sin fondos y otras trapisondas. ¿A título de qué? Sinceramente, hay veces en que uno debe permitirse dudar del equilibrio mental de los que dictan normas, acaso muy afectados por el estrés que reina en la sociedad...

Mientras tantas novedades dulces, como las dichas, poblaban la tapa del diario del jueves -además del paro- más tarde surgía la renuncia de Marx (y otro funcionario del equipo de Cavallo, que se bajaba del barco). Frente a ello, el mercado accionario volvía a hacer saltar la banca, porque en una fecha con todo para hacerse pedazos, subió más de 4% y con Pérez arriba de 9%, junto a casi siete millones de acciones. Para esto, nos hicimos la figura de «usar las acciones como esponjas absorbiendo liquidez, que se llenan en Buenos Aires y se estrujan afuera: para que dejen el líquido tomado...» Alegoría que salió bastante apropiada, para entender estos absurdos de un Merval en notable recuperación de diciembre: capaz de recortar bastante la pérdida del año. ¡Y sin motivo bursátil!

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