21 de diciembre 2001 - 00:00

Cupones bursátiles

El peor de los principios y de las soluciones posibles parece instalarse aceleradamente en el país. El de la anarquía, copando todos los estratos sociales. Que puede comenzar con saqueos a supermercados (algo que no produce tanto asombro, porque solamente es una reposición de película ya vista). Pero, con tendencia a que el desafío al orden constituido y a la rebelión de todo tipo (como pago de deudas, de impuestos, de créditos, etc.) nos ponga al borde del colapso doble: el económico, en el que estamos desde hace mucho rato, y el social, que es mucho más riesgoso de poder mensurar en sus secuelas.

Esta semana prenavideña tiene que haber puesto los pelos de punta de toda persona razonablemente lúcida en la Nación, presenciando los distintos cubos de un rompecabezas que se estuvo armando con toda celeridad y en un proceso retroalimentado: primero con activistas, después por contagio, final-mente con el principio del hombre-masa y el que funde su individualismo en el conjunto. Y, desde allí, hasta el último mequetrefe se siente como Connan «el Bárbaro» y enfrenta a un batallón. La apatía, la terrible indiferencia con que se deja robar todo lo que se va yendo de madre, hace que el temor cale muy hondo por lo que debamos vivir en estas fiestas. Y se suman los conceptos que nos llegan desde el exterior, marcando posibilidades nulas para lo que el país está tratando de llevar adelante, en lo económico. ¿Cómo puede seguirse por la misma senda, con semejantes misiles lanzados desde afuera? Imposible, sería una respuesta lógica. En una franca posición de debilidad, con una lapidaria opinión desde los centros de poder que más nos interesan (como el Fondo, o la Reserva Federal) estamos haciendo cupones para el viernes y con serios temores sobre lo que pueda estar sucediendo...

Todo es un desborde, el río se salió de sus márgenes, las respuestas políticas son de total desconcierto y ese gobierno del desgobierno se apodera de más lugares de actuación en nuestra Nación. Ya hay insólitos relatos sobre agrios enfrentamientos en la cúpula, un Cavallo -como lo relatara
Ambito del martesque ve «traiciones» en todos aquellos que le sugieran una escalera para incendios. Y, honestamente, alguien que no tiene pensado un sendero de emergencia, que siempre quiere jugar al todo o nada --con la vida y futuro de los demás-es un aventurero de la Economía. Se fue un funcionario, vino otro y ya chocaron, mientras arriba Mestre se lo quería quitar de encima como habiendo sido llamado por el Frepaso, y todo así... La historieta argentina ya es patética, dejó de ser cómica, no resiste otro calificativo que el del «humor negro»...

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