Y vamos de nuevo. Ahora hay que hacer un curso acelerado de «capitalismo de izquierda», en una alocución de nuevo gobierno que -lejos de ser una simple transición- pretende consagrarse con alguna avanzada muy arriesgada. Por ahora, si nos colocamos en el pensamiento del inversor de riesgo puro -como las acciones- conviene ir viendo los aconteceres y manejarse con extrema cautela. No parece ser una meta posible la de dejar a todo el mundo contento y con un abanico que abarque tanto al banquero como al obrero, pasando por el acreedor, y jugando a fondo sin mucha experiencia en partidas fuertes.
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Si las acciones siguen la trepada, será una de las señales de que se continúa en la idea de hacer efectivo de depósitos bloqueados y pasarlo a dólares. ¿Podría resultar un alza genuina en busca de activos accionarios? No lo parece. Si bien retuvieron nuevamente lo que parecía cantado, que era algún mecanismo que incluía la devaluación, generar demanda sostenida para las empresas que no pueden exportar por estar fuera de circuito, tampoco surge como sencillo. Hacer obra pública fue una de las respuestas al momento, aunque nada de esto se implementase del día a la noche. E inundarlo todo con bonos, en una engañifa a la moneda sana, dista de poder convencer mucho. En definitiva, con las limitaciones que da el solamente llegar a conclusiones detrás de un discurso inaugural, lo que se recibió es lo que podía aguardarse: medidas con distinto tono a lo anterior, algún golpe de audacia que incluye la prédica del «no pago» de la deuda -temporal- pero tampoco el «repugnarla». Y ese medio camino, donde parecía que se enunciaba una medida a la derecha, una medida a la izquierda, buscando el aplauso de la concurrencia y cierta cuota de interrogantes que dejara esperando a la población. Las fiestas de fin de año otorgan una semana de ventaja, pero enero habrá de inaugurar la peor temporada baja de las últimas décadas. Estacionalmente de caída para muchos rubros, que ven terminar diciembre a niveles paupérrimos y con un país en llamas. Nos quedamos con la sensación de algo armado para la hora, con bastante de aquello que las mentes más nerviosas querían oír, como para lograr una pausa y poder arrancar hacia alguna dirección más nítida. Se supone que habrá habido consultas al exterior, como obteniendo alguna guiñada de pagos suspendidos momentáneamente, con tal de apagar el fuego en las calles. Pensarlo de modo unilateral, resultaría casi otra lápida, detrás de la que le colocaron a los anteriores. El drama ahora es que detrás de esto: no queda más que un estado anárquico e inimaginable... Informate más
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