28 de enero 2002 - 00:00

Cupones bursátiles

Se está tirando demasiado de una cuerda que ya venía muy tensa, de fallidos gobernantes anteriores. Cierto es que repasando el elenco del actual gabinete, no se encuentran figuras que hayan dominado barcos en las tormentas mayores. Y les cuesta. Y se nota, mucho ya. Que vamos para allá, que no vamos. Que dejamos -insólitamente- a un titular del Banco Central que era el colaborador preferido de Cavallo y que vio deslizarse a todo el sistema financiero, sin poner coto. Y vio también cómo se vulneraba la convertibilidad, sin oponerse. Tarde, se decidió presionar para producir su renuncia. Después, se llaman técnicos de afuera para salir del jardín, y se recurre a figuras de gabinetes económicos, a quienes se puede responsabilizar de bastante de lo que pasa actualmente, para ir a buscar nuevos tratos con los acreedores. Entre todas las dudas y las faltas de respuestas sólidas, han armado un programado «cacerolazo nacional» del viernes pasado (a estas alturas, no sabemos qué ha sucedido con ello.). Y ya que todos se anotan como víctimas y perjudicados, enarbolando ahora llaves, bien podrían ir a reclamar todos aquellos que debieron sacar créditos en pesos (por temor al dólar) y pagar cuotas muchísimo, pero muchísimo más altas, que en dólares. (Recordamos, para una cuota de u$s 1.600, equivalía una de $ 2.030 mensual).

Con los criterios que se emplean, es justo entonces devolverles la diferencia a los que vinieron pagando esas cuotas en pesos y que perdieron por varios años, frente a los que sacaron en dólares. Otra vez, como sucediera desde hace muchos años, los intentos de repartir justicia por «mano divina», caen en otros problemas que se suman y derivan unos de otros. Simplemente, porque no hay una mano divina en nuestra vida terrena y en la medida que uno se aparte de lo que es acorde a derecho, se corren estos riesgos que acorralan a un gobierno que busca salidas, entra en demoras y dudas, y se juega la permanencia en la primera división: a cada semana.


La señal más paupérrima que se pudo haber observado en estos días, para establecer a qué nivel hemos llegado en el rodar, fue el observar en los noticiosos a gente de países limítrofes -supuestamente mucho más carenciados, con menos perspectivas- y que retornaban a lo suyo porque en la Argentina ya no tenían futuro. Bolivianos, paraguayos, subiendo a los micros y declarando que estarían mejor en sus terruños, que lo que podían estimar aquí. Acaso, para rematar, haya que ver alguna emigración de argentinos hacia esos rumbos, no ya a Europa o los Estados Unidos, lugares donde nuestro orgullo, generalmente, nos hace apuntar. ¿Qué tal estaría esto? ¿O ir a apostar, en la Bolsa de Perú...?

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