15 de mayo 2002 - 00:00

Cupones bursátiles

«Si no aprueban los 14 puntos, nos caemos del mundo...». Es coacción pura. Aunque el autor de la amenaza resulte una persona respetada -al menos, afuera- como Guillermo Calvo. Y cachetazo va, puntapié viene, los van metiendo a los gobernadores en los pasillos deseados por quienes despliegan todo tipo de intromisión y arrojan cualquier calificativo, que hasta hace unos años no se atrevían. Sobre la Argentina opinan todos, falta el cartel del «tres tiros, veinte», y a los que le den al blanco prometerles algún osito de peluche. De paso, Calvo se da el lujo de cuestionar prisiones dictadas en el país, cuando manifiestamente está alejado de todo y residiendo en el abrigo de los Estados Unidos. Pero, no importa, acaso el asunto sea sumar algún empujoncito mediático para hacer (o devolver) algún favor a ex funcionario en problemas. «Dale nomás, dale que va... que allá en el horno, nos vamos a encontrar», grita desde lejos un Discépolo que se quedó corto, aunque sus letras parecían en aquellos momentos tan duras y dramáticas. Todos se aprestan el domingo por la noche a retornar el lunes a la «city», esquivando habituales marchas, eludiendo calles bloqueadas por lluvias, o por protestas, y llevando en la mochila la aparición simultánea del presidente de la Nación y de su ministro de Economía, en sendos programas que dirimen, con el fútbol, la preferencia del rating dominguero ¿Algo le quedó claro, al sufrido escucha...?

Es difícil amar a los norteamericanos, decíamos en días pasados, considerarlos nuestro prójimo y ponerles la otra mejilla: se esfuerzan, de verdad, para ser ellos contra todos, contra el mundo.Y después, se quejan.Y son caraduras en muchas ocasiones, como cuando dan las recetas gloriosas sin reconocer que, dentro del recetario, han venido dando las anteriores del menú: con las cuales se llegó al estado deplorable de la Argentina de hoy, ayudados por «cocineros» locales ciertamente chapuceros.Y entre recetas fallidas y cocineros chantas, se nos fue la historia de las manos, hasta que llega el punto de cocción clave: donde, nos manda a decir el Calvo exportado, que se aprueben los 14 puntos de la que podría llamarse como «Declaración de las Obligaciones Humanas», de nuestro país, o «nos caemos del mundo». ¡Qué miedo, si ahora estamos tan altos!, tan en la gloria, que sería terrible estar fuera del mundo: aunque el mundo, nos dejó afuera. La verdad, ya es bastante denso tener que soportar el día por día del tufo que recorre el país, como para tener que oír a los profetas de afuera y que quieren ganar «chapa» opinando sobre lo que nos pasa, más la solución que debemos adoptar. Ninguno se lo firma, claro. Lo tiran para ocupar un lugar de la marquesina de economistas, o políticos, que se creen en la obligación de diagnosticar y recetar sobre un país que sólo conocen por los ratios económicos. Y nos quieren pasar raya. Pero, antes cobrarnos la factura, para escarmiento de otros.
Qué risa.

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