7 de octubre 2002 - 00:00

Cupones bursátiles

Repasamos el Boletín de la Bolsa de Comercio en busca de novedades de lo intrínseco de la actividad, y tropezamos con un recordatorio de parte de la entidad a las sociedades cotizantes: les menciona la reforma del reglamento de cotización, por medio de la cual se establece que al momento de presentar la documentación contable aprobada se debe incorporar la información siguiente: «cantidad de acciones -discriminadas en clases y con indicación de sus porcentajes respecto del capital social- que, a la fecha de cierre de los estados contables, no pertenecen al accionista o grupo controlante de la sociedad...».

Nos quedamos pensando acerca de la finalidad de esta reforma de normas a efectos prácticos. Saber cuántas son las acciones que están en manos del minoritario, en todo caso se podía deducir del total que informaba poseer el grupo de control; lo restante estaba en manos menores. Cuando podamos requerir a alguna autoridad la aclaración sobre el espíritu del cambio de reglamentación, se lo brindaremos al lector interesado. Acaso aparezca que se estén corrigiendo ciertas incertidumbres sobre las tenencias. Hace unos años, un par de décadas digamos, esto resultaba una información casi oculta celosamente por las empresas. Eran tiempos donde todavía se podía llegar a colocarles un director súbitamente, en una asamblea o, en ciertos casos notables, entre los que se destaca el de Atanor llegar a tomar la mayoría por vía de la simple compra bursátil diaria. En realidad, no tan simple, porque cuando desde el grupo de control advertían que los estaban «chupando», con comprador permanente y de cantidades, salían a tratar de matar el intento y, si no podían, al menos ensuciarles la cancha. Alpargatas fue objeto de esas compras agresivas; apenas neutralizada, algunas empresas habían instituido la norma de las «acciones escriturales», donde cada adquirente tenía que darse a conocer y firmarlas. En tales casos, recordamos, siempre desestimamos las quejas de las mayorías y consideramos que si alguien ve peligrar su control, es porque ha tirado manteca al techo y después tiene el castigo merecido. Pero los poderosos suelen tener siempre quien salga a defenderlos, y allí inventaron las «sábanas», donde cada empresa actualmente sabe exactamente, y a diario, quiénes y cuántas acciones compraron. Una válvula de seguridad inmerecida, y así se controlaron sociedades teniendo muy poco porcentual de los votos, pero ya los potenciales interesados en poner un director o en copar la empresa se llamaron a quietud.

Volviendo al inicio, en tal caso el dato de saber cuántas acciones de una compañía andan sueltas en el mercado podía activar un movimiento de objetivo político y no solamente bursátil o especulativo. Y en aquellos tiempos, amigo lector, era un valle verde descubrir dónde había confrontaciones, porque empujaban de los dos lados y las acciones escaseaban. Y, se sabe, lo que escasea se encarece. Estampas de otro tiempo, colorido, apasionante, irrepetible.

Dejá tu comentario

Te puede interesar