9 de octubre 2002 - 00:00

Cupones bursátiles

La Fundación Mediterránea, entidad que alcanzó su mayor notoriedad e incidencias en las corrientes económicas de la Argentina a través de su más famoso representante -Domingo Cavallo-, ahora quiere retornar al centro de la escena con un modelo de «convertibilidad» versión: «diesel 2002», visto que el modelo naftero ya se quedó a mitad de camino... y sin combustible.

Acuden al bimonetarismo, cambiando el orden que tanto popularizara su mentor estrella, cuando fuera ministro: el consejo de endeudarse en dólares, la garantía de una convertiblidad eterna, y todos los etcétera que aficionaron a los ciudadanos dispuestos a creerle a la voz oficial, a jugar el peligroso juego de descartar una devaluación y -efectivamente- que alguien bajara la mano del «chinchón»: encontrando al crédulo con varias sotas, caballos y reyes, sin combinar...

Ahora, se revierte la fórmula y en vez de endeudarse, de gastar, de consumir, de pedir créditos en dólares, el asunto parece pasar por «ahorrar en dólares». Y, en tanto, seguir gastando: pero, en pesos.

Quizás, si tan módica propuesta, aparentemente fundamentada en la solidez patrimonial y el recato, se hubiera difundido a los cuatro vientos -por el Cavallo ministro y la propia entidad- en la década anterior, hoy no deberíamos estar tan pendientes de salvar a tanta gente y empresa, que quedó hasta la coronilla entrampada en dólares. Es uno de los tantos casos, donde la capacidad de girar sobre los talones en plena carrera, algo que solamente es virtud argentina de varias órdenes, es utilizada para reciclar una usina de ideas económicas llevadas a cabo oportunamente, en otra refundada y queriendo seguir poseyendo incidencias, y vigencias, sobre el escenario devastado. Curioso modo de no salir, ni bajar, nunca de los pedestales: por eso será que en las ciudades tenemos tantas estatuas de buenos, malos, feos, antiguos, modernos, y nadie es declarado en cesación de pose de mármol. «Dale nomá, dale que va... que allá en el horno, nos vamo a encontrar» (diría Discépolo a esto).

Como los que proponían, y ejecutaron, siguen proponiendo y quizás pretendiendo volver a ejecutar, no se retiran oportunamente. Y hay nuevas avanzadas que pretenden ocupar los puestos, después del siniestro, cada mes que pasa se hace más intrincado el saber qué posible salida puede existir para el país. Y si agregamos que se suman los técnicos del Fondo, o algún político de afuera, nos hemos convertido en un objeto de lanzamiento de teorías -muchas experimentales, se olfatea- ¡con nosotros siendo el blanco preferido! «Plata no hay, pero hagan esto y vemos...». «Plata no hay, pero bien pueden tirarse un lance haciendo esto otro...». Dejan el dólar libre, no lo dejen libre. Paguen con reservas, no -de ninguna manera- no paguen nada (lo que permite, de paso, a Duhalde y Lavagna, jugar de enojados y nacionalistas defensores). Disfrazados sin carnaval... .

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