6 de noviembre 2002 - 00:00

Cupones bursátiles

No deja de ser reconfortante leer en todos los medios que realizaron el ranking de inversiones en octubre; títulos como: «La Bolsa fue la mejor inversión del mes». Otro puntito a favor, dentro de un año que tiene bastantes méritos propios como para considerarlo de los mejores sabores, en las «cepas» que añeja nuestra Bolsa de Comercio, desde 1854.

Nada que ver con el precio de los papeles, que es lo que se toma para concretar esos listados de «mejor o peor» en el mes, o en el año, nos referimos -de lleno-a lo que más debe ponderarse. La calidad de lo hecho, el escenario en que debió realizarse, los contratiempos que debieron superarse; en definitiva, todo aquello que conforma el valor de una trayectoria. Y nos parece que, por valor, nuestro mercado se distanció mucho más que lo que puedan decir los precios, y podría anotar el año 2002 como de los más ponderables en su historia. Posiblemente nunca se le hayan alineado tantas vallas juntas, la hayan acechado tantos enemigos naturales (como la letal carencia de sector financiero, de créditos, de dinero del exterior, de «corralitos» embretando el dinero de la gente). El dólar, que salió velozmente de su jaula del uno a uno y saltó a los niveles conocidos, abriendo un canal de absorción de capitales que estuvo fuera del circuito en una década. Y en el pos, un nivel de tasas que, para lo que es hoy en día la economía, abrió otro foco de aspersión de dinero, restando más y más al sector de la inversión de riesgo.

El 10% conseguido en octubre llamó la atención en los cuadros de los medios que ranquearon alternativas; sin embargo, el trayecto de los diez meses no merece la justa evaluación. Es un buen desafío, para comprobar que, aun ante las peores condiciones, una Bolsa puede resultar casi la única que quede en pie. Con sus transacciones y su mecánica tradicional sin alterar reglas, cuando «in vitro», podría suponerse que resultaría lo primero en quebrarse. Con muy poco se entona, y así como estamos en la cornisa de un «acuerdo», se mantiene la sobriedad cuando toca la baja. Cierto es que los montos transados no representan ninguna garantía de nada, no respaldan de modo seguro los precios, ni mucho menos la tendencia. Pero, reacomodó sus fuerzas para poder
calzarse más abajo, mucho más, en el ritmo de órdenes y generar negocios en tal meseta. Esperando por la vuelta de las buenas novedades, de alguna que otorgue la señal para pensar en que se parte desde el fondo del pozo, cada vez un poco más arriba. Recaudaciones que suben, con mucho de ganancia nominal, no sirve de mucho para ilusionarse. Al contrario, se puede arribar a falsas conclusiones. Tanto, como suponer una economía bien encarrilada, soslayando que no se le paga un peso, ni un dólar, a casi nadie. El país sigue parado, aunque gozando de un estado de flotación en que lo dejaron los que pueden bajarle el pulgar, o tener piedad. Pero, este 2002 debe tener un recuadro en la historia. Y conviene repetirlo.

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