En la liviandad de pareceres, que suele caracterizar las gestiones de los sucesivos gobiernos, se había dejado trascender que se podía armar alguna «gambeta» a los ahora rígidos funcionarios del Fondo Monetario, ensayando que desde la cúpula de Estados Unidos se otorgaría algún hábeas corpus y el guiño que doblegara a esos funcionarios. Lo que aquí conocemos como «puentear» los peldaños naturales y buscar destrabar, por arriba, lo que se complica en la zona media. Pero, parecieron olvidar que -en la práctica- Estados Unidos no es un socio más del FMI: es el FMI. A renglón seguido llegó una nueva amonestación para nuestros superficiales negociadores, bajo la letra estricta de «arreglen con el Fondo y no esperen nada de nadie, por afuera del marco». Otro papelón. ¿Cuántos van?...
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Y Estados Unidos es el Fondo, por cuanto todo este organismo que fue capturando países y colocándonos bajo una sola supervisión se hizo a instancias de ellos, si bien en un principio parecía poseer una tarea más loable que la que hoy ejerce. Tiempos donde se le quitaba respaldo oro al dólar, momentos de serias incertidumbres después de la Segunda Guerra, pero que se fue transformando en lo que podría titularse -en una metáfora bien entendida- como el «brazo armado, en lo económico, del patrón del Norte». En lugar de colocarle una flota de guerra por delante, como hacían antes con países que repugnaban compromisos, y en vez de tener que actuar de perro guardián en persona (haciendo irritativas las relaciones con los que subordina) desde Estados Unidos aparecen como dando respaldos, que nunca se concretan, pero por otro teléfono -suponemos- hablando con los burócratas del FMI: para que bajen el pulgar, a los que vinieron a pedir dádivas a la Casa Blanca. Por no entenderlo así, es que los golpes frontales se repiten, por no entender eso: y por algo más... Por aquí se suele tratar nuestro caso, como si resultara alguna gestión privada, entre un deudor y un conjunto de acreedores. A cambio, desde todos los países sufrientes nos observan, irán midiendo nuestros logros, qué estrategias -y estratagemas- pueden darnos resultado como para declararnos en default y sacarla barata... En cuanto nos aflojen un poco de cuerda, tomarán debida nota los que quieren emularnos, en eso de declararse insolventes: pero evitado los castigos. Tenemos una, cien lupas encima, tanto de acreedores enojados como de otros deudores con deseos de imitarnos... si es que salimos del atolladero: con una sonrisa y pidiendo permiso. Pero si la presión es mucha, si el sufrimiento es largo, si las amenazas resultan drásticas, es muy posible que se abstengan de armar un default en cadena. Por eso, además de ser los verdaderos patrones del Fondo es que no pueden caer en el perdón fácil. Nada peor para un pastor, que se le desbanden las ovejas. Y, para evitarlo, le largan los perros. No sólo ladran, muerden garrones. Informate más
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