11 de noviembre 2002 - 00:00

Cupones bursátiles

«Debe estar seco el cauce, para que el zorro Greenspan lo cruce al trote...». Hemos acuñado un nuevo refrán, partiendo del tan conocido enunciado criollo. Y no le queda holgado al que parecía tan estricto cancerbero de la Reserva Federal y que, ahora, se entrega hasta con más de lo que esperan los más optimistas operadores de mercado.

Nos referimos a la expectativa del miércoles, donde todos aguardaban alrededor de las 17 de nuestra hora, saber sobre qué había resuelto la Fed respecto esa tasa testigo que lanza para los bonos. Estaba en apenas 1,75% antes de la reunión, el gran dato para tener idea de situación: era lo más bajo en las últimas cuatro décadas. Y se había arribado a tal nivel, después de producir once rebajas sucesivas, en un período muy corto de tiempo.

Prácticamente, desde que se tambaleara la estantería de la economía, de los mercados de riesgo, y recibiendo después el cachetazo de una oleada de estafadores de gente común, manejando grandes corporaciones con balances falsos, empezó Alan a recoger el nivel de la tasa y tratando de inyectar optimismo y falta de alternativas atractivas, para la colocación en dinero a interés. O para retribución de bonos. Pero, en este miércoles pasado, el cruzar los dedos en Wall Street significaba encontrarse con un rebaje de 25 puntos básicos, llevando la marca a 1,50% ¿Qué pasó?

Pues, que llovieron panes y peces, como maná gratuito cayendo del Cielo de la Reserva Federal. Se fue de largo y fijó el nuevo porcentual en...
1,25%.

Más allá de efectos, de supuestas alegrías por ver que se le colocan muletas a los mercados cuando la cuestión tiende a repercutir en lo político, podría esto darnos una idea del grado de detención/recesión en que se han envuelto.


Inclusive, teniendo terribles gastos agregados por ese espíritu de «cruzadas» que ha desplegado el Señor del Norte. Nada parece alcanzar, solamente falta que se otorguen dólares sin ningún recargo, con tal de mover esa enorme piedra que les ha caído encima.


Recordemos que Alan Greenspan maneja una consola donde entran, a diario, 18.000 datos distintos de toda la economía local y mundial. A tal nivel de sofisticación ha llegado el que resulta ser esta especie de «oráculo» mundial, capaz de soltar o recoger, los pliegues económicos y financieros. Se ve que lo que vino llegando por pantalla le dio la peor sensación de su carrera, tanto como para resolver deprimir de tal modo esa tasa-se-ñal, sobre la que nadie arriesgaba desagio semejante. Siempre crítico de las zonas que llamaba de «exuberancia bursátil», cuando la década gloriosa del Dow lo hizo tocar los «10.000» y seguir de largo, desoyendo advertencias, ahora que lo tiene encogido y temeroso, el susto parece haber ganado a la raíz misma del sistema. Desde el punto de vista del análisis de mercados, esto de Greenspan merece un recuadro memorable, y seguir de cerca el proceso.

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