Las explosiones de precios retomaron su nivel a poco de iniciar el ejercicio, aunque las primeras dos ruedas habían dejado la sensación de un mercado tomándose el tiempo: para «medir» los tiempos políticos, económicos, de un año que debería resultar bastante complicado para pronosticar desde el vamos. Y era ésta una actitud reflexiva madura, después de que 2002 había resultado imposible de doblegar -en dólares-en un aspecto, pero sacado adelante con buen pasar en general, brillando mucho en una docena de papeles líderes, y siempre añorando la cantidad de órdenes decorosas para sustentar el ciclo favorable en precios.
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Sin embargo, en la rueda de este lunes hubo gran jaleo en muchas plazas, anotando subas diarias de hasta 13% -Telecom-y bajando de allí a 12% de Comercial, haciendo escala en 10% de Minetti, para llegar al peldaño de 8% con un lotecito de cuatro, cinco, títulos. El Merval presentó su cara más ardorosa, quedó a un paso de los «550» y marcó más de 4,5% en aumento. En derredor de esto, algunos picos inflacionarios que prometen complicar el año, el dólar que se aguanta como puede en franca depresión y las tasas, recortadas drásticamente ¿Puede ser que la falta de un activo alternativo, empuje a insistir con las acciones? En todo caso, sería solamente un concurso de «precios», olvidando totalmente los límites de «valor». Cuando nombramos los papeles destacados de ese lunes, hallamos a una de servicios telefónicos, otra de renglón comercial -holding-y una tercera que se ocupa de vender cemento. Saltos que no llevan mucha armonía, difícil encontrarle más argumentos que el viejo cuento del «atraso», o una entrada de demanda que choca contra falta de oferta de papeles. «Lo que escasea se encarece», la vieja máxima de oro que se cumple con frecuencia en estos tiempos, donde no hay mucho en la demanda: pero, casi nada, en la contrapartida. Y si hay alguna mano, institucional por lo general, que realiza un cambio de posiciones, o decide integrar alguna especie nueva teniendo que tomar cierta cantidad: juega contra su propio dinero. Esto, es el mismo que compra lleva el papel hacia arriba. Un principio que, antes, se trataba de no vulnerar jamás. Pero, son otros tiempos y otros modos...
«Te vendo este reloj a dos, me lo vendés de nuevo a cuatro, te lo revendo a seis...» y así, podemos seguir todo el tiempo. Es otra faceta que puede estar teniendo cuerpo, en un circuito muy apretado, donde son pocos los de afuera del ambiente que quieran participar. Se puede querer jugar la carta desconocida: la de suponer que los balances a diciembre vengan muy mejorados, bajen así la razón del «precio/utilidad» y otorguen más sustento. Mientras los números no aparezcan, dará para todo. De última, la fórmula del «Ave María», aquella que dice que hay que jugarse a comprar posiciones y... rezar. No es de la Bolsa, es del boxeo, pero en esta época tan variada: puede que todo sirva.
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