30 de enero 2003 - 00:00

Cupones bursátiles

Las autoridades del Fondo Monetario hacen todo lo posible para demostrar que firmaron un acuerdo obligadas políticamente. Que si era por ellos no lo acordaban y que estarán encima de todo, para demostrar -a los políticos europeos que presionaron- lo equivocados que estaban. Por su parte, las autoridades nacionales tratan de mostrar su regocijo y desvirtuar obligaciones que están implícitas, pero que ellos insisten en que no han asumido. En el mundo, se van armando como dos partidos, de los que «guerra sí» y «guerra no», mientras los que no entran en esa tenida con algún peso específico, solamente contemplan azorados cómo terminará el asunto. Y, en medio del año 2003 que amanece sumamente conflictuado -más para los argentinos, por su propia problemática- los mercados están en la cresta de la ola. Flujo, reflujo, pero la sensación de una «marea baja» que -a la inversa del ejemplo de Charles Dow, sobre las marcas que deja en la arena cuando sube- va dejando humedades de marcas más distantes, con agua que cada vez llega menos. A finales de enero, un Merval que se paseó desafiante detrás de la frontera del «600», terminaba rogando porque se clausure el período antes de perder todo lo conseguido (o algo más). Así estaban las cosas en el arranque de la semana, mucho más cerca de los «524» puntos de cierre de 2002, que de aquellos «609» fugaces. La deserción de órdenes se hizo notar mucho, cuando se habían conseguido ruedas iniciales de hasta $ 47 millones para acciones, el viernes 10. Pero, en esa rueda hubo un rebaje Merval de 2,6 por ciento y donde puede hallarse una bisagra en la historia mensual. Porque el lunes 13 se intentó un rebote, se logró en precios y con 1 por ciento de alza, pero para caer a 22 millones de pesos en los negocios. Ya no era lo mismo. Y ya no sería el mismo mercado...

Lo demás fue tambalearse, caminar por el alambre, ver los desvelos de las Bolsas norteamericanas y retroceder escalones, con algunos repuntes en medio. Mientras la política de los dos partidos tradicionales y mayoritarios continúa mostrando todas las miserias alcanzadas en sus senos, lo que aterroriza al pensar que solamente faltan 90 días para elegir gobierno. Duhalde se pavonea reiterando que «lo peor de la crisis ya pasó». Se da de alta a un paciente que está expuesto a recaídas por cualquier brisa que lo turbe, se echa tierra sobre el asunto y se pretende que aquello ha quedado en la historia. Un nivel de riesgo que es insoportable para cualquier análisis razonable, lo que obliga a insistir a los operarios con el juego de moda, en el verano 2003: en el de la «isla», el de todo resbala y el de acertar con el índice del día siguiente. ¿Más allá?, es tierra de nadie. Es bruma, es bandera roja anunciando mar picado. Lo mejor, es no tirarse a nadar...

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