Es hoy un argumento «cubretodo», enarbolar el peligro de una guerra para justificar cualquier salto al vacío de los mercados. Y tiene mucho de cierto esto, pero no queda demasiado claro qué habrá de suceder en una etapa pos belicismo. Especialmente, cuando el dueño del mundo acaba de dar a conocer dos cifras de déficit monstruosas, que abarcarán el presente año y el siguiente.
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¿Y en caso de no haber conflicto y tener que desamar el aparato armado? ¿Cómo incidirá esto, en esas cuentas de Estados Unidos sumamente perforadas ya? No es tan sencillo pensar en una vuelta a casa y ya está todo como antes. Los gastos derivados de la amenaza de acción a gran escala, no sabemos nosotros cuantificarlos: pero, no es difícil imaginar que resultarán cuantiosas. Así que por allí podría confluir una suerte de festejo-repunte, por haberse disipado el gran peligro bélico, pero los que se sumen en mercados de riesgo: deben estar con su mente y sus proyecciones más allá. Y por ahí aparecerá la realidad de una economía rectora que iba en busca de un botín petrolero y que debió disiparse, nada más que asumiendo los gastos. Gastos que, de mínima, le harían pagar al país vencido -como siempre fue norma- y pasando las facturas que ellos mismos dibujasen.
¿Dónde queremos llegar? A tratar de desentrañar cuál de las dos malas noticias, resultará peor de calibrar para los atormentados índices. No es conveniente dejar todo lo que sucede, a manos de la incertidumbre por la guerra. Las cosas ya venían mal, muy mal, para una Wall Street que no se reincorporó nunca más desde el quiebre de tendencia. Pensar en marcas que estuvieron en torno de los «11.000» puntos, para notar cómo se arrastran haciendo base en cerca de los «7.500» puntos, no es obra de la temida guerra actual.
Y si la palabra «recesión» estuvo presente en todos los foros económicos últimos, esto es independiente de si hay, o no hay ataque. Los mercados están muy competitivos, la demanda se adelgaza, hemos visto que en varias sociedades locales que juegan sus chances a exportar se menciona directamente que están buscando países menos frecuentes que Estados Unidos, o Europa, en virtud de que han disminuido las adquisiciones. La idea de que todo ande bastante mal por el peligro de guerra, choca más bien con un concepto de: «todo estaba bastante mal, en casi todas partes, antes de las amenazas contra Irak». Y, de ese modo, varía cualquier planteo que se quiera radicar, pensando en que un solo obstáculo conmueve al mundo. Irak parece ahora más una excusa, que una razón madre. Y lo que derive de ello, con guerra o sin ella, tendrá que repercutir en economías mayores: negativamente. Ciertas materias clave, como el oro y el petróleo, pueden tener un desinfle sin la guerra: pero, al encontrar recesión extendida, no habrá oportunidad de mayores demandas sino encogimientos. El «cubretodo», que el bélico Bush desea emplear: hace temer por lo que hay debajo.
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