6 de marzo 2003 - 00:00

Cupones bursátiles

La señal que dio la actividad agropecuaria, yendo directamente a confrontar -y a asumir las consecuencias- bien puede dejarse en un recuadro especial del año, donde lo que parecía tan metido a presiones en la lata de la sobrevivencia política (y electoral) puede comenzar a salirse, del marco tan estrecho en que han introducido todo en el país. La incertidumbre por la «redolarización» acompañaba el cierre de febrero, el paro del campo jalonaba la primera semana de un marzo que promete sorpresas en todas direcciones. Nos preguntamos si las empresas, quejosas por un «ajuste por inflación» que no les han concedido, poseerán la cohesión y la fortaleza de tomar medidas drásticas y hacerse fuertes en su posición, como sucediera ahora con lo agropecuario.

No olvidar que la no liquidación de exportaciones, más la turbulencia en los canales naturales de productos, deben ser cuestiones que han puesto los pelos de punta a gobernantes que venían haciendo sentir sus pareceres a como diera lugar. Y, de última, que la contrapartida en desacuerdo consintiera en «pasar todo para después de abril». Esto tiene que traer cola, porque si no hay cambios en esas posiciones enfrentadas, lo lógico es pensar en otra vuelta de tuerca de los que se consideran perjudicados. O, quizás, algunas amenazas del poder, como ya sucediera con los petroleros y cierta jugada oculta, como la que hiciera Lavagna con los banqueros. Hay demasiados cables pelados que se menean por las calles, cualquiera de ellos que se toque puede dar origen al cortocircuito. ¿Por dónde vendrá la chispa inicial? Es lo que hay que tratar de intuir...

Así ingresamos a los «idus de marzo», un mes que suele ser productor de gérmenes virulentos. Y habrá que esperarlo hasta los últimos días, recordando aquella fatal anécdota de
Julio César y cuando el adivino le había advertido sobre cuidarse mucho de los «idus de marzo». Al momento de ingresar al foro, donde sería asesinado, César vio al adivino entre las filas de gente agolpada y le espetó: «¿Y profeta, los idus de marzo ya han llegado...?». Y le contestó aquel hombre: «sí, pero no han pasado»...

Hay un ambiente que se corta con una navaja, de denso que se ha puesto, y en la propia zona de lo bursátil se lo percibe. Un mercado que titubea siempre, que se quiere afirmar pero no sale de los volúmenes de rigor y procurando, a través de algunos nombres bien movidos, fabricarse indicadores como los de febrero, o el año, que con su 8% (más de la tercera parte, logrado en la última rueda) el mes y
13% el bimestre, coloca a las acciones a la cabeza de un «ránking» de alternativas en el país: que es de terror. El tema es que, más allá de los profesionales, y los institucionales que tienen que mejorar rendimientos, no se lo cree casi nadie del público común. 13% en dos meses, si se prometen rinden de 15% en un año -en renta fija- sería para convencer a cualquiera. Pero, «cualquiera», tiene miedo.

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