25 de abril 2026 - 00:00

Iván Facianof: "Cualquier emprendedor puede ser exitoso, pero debe saber hacia dónde quiere ir y por qué"

El empresario argentino se fue a Israel en la crisis de 2001. Pasó de trabajar en un lavadero de autos a fundar dos empresas de marketing digital que facturan millones de dólares. Ahora vive en Miami y hace mentorías para startups de la región.

Iván Facianof defiende la disciplina y la constancia como valores clave para el desarrollo de una empresa.

Iván Facianof defiende la disciplina y la constancia como valores clave para el desarrollo de una empresa.

El argentino Iván “Ivo” Facianof comenzó su camino emprendedor a los 26, después de varios años haciendo trabajos para subsistir, como empleado en un lavadero de autos, entre otros. La crisis de 2001 empujó a su familia a emigrar a Israel. Allí, la experiencia de supervivencia se transformó en una carrera meteórica en el ecosistema startup: fundó dos empresas de marketing digital (Velis Media Group y Predicto) y alcanzó un hito tecnológico al desarrollar un motor de inteligencia artificial que interpreta los algoritmos de gigantes como Google y Meta para predecir perfiles de usuario en tiempo real.

Hoy, a los 41 años, Facianof -radicado hace un año en Estados Unidos- maneja compañías adtech con facturaciones millonarias en dólares y se consolidó como un referente en el sector, actuando como inversor ángel y mentor de startups latinoamericanas que buscan escalar en el mercado estadounidense, según explicó a Ámbito durante una entrevista remota.

Periodista: ¿Cómo influyó tu historia personal en tu desarrollo como emprendedor?

Iván Facianof: Yo puedo decir que crecí con una obsesión para que a mi familia y a mí nos vaya bien económicamente, producto de las frustraciones que viví o que pasaron en mi familia. Sin darme cuenta, entré en una ceguera que me focalizó totalmente en el desarrollo económico, y producto de eso entendí que debía generar hábitos que me permitieran alcanzar mis objetivos.

Si yo seguía con los mismos hábitos, probablemente iba a llegar al mismo resultado que se había alcanzado históricamente en mi familia. Ese es, creo, el primer punto: una especie de obsesión y ceguera. Tardé años en entender esto que te estoy diciendo. Cumplí 41 años hace poco y entré en una especie de crisis de mitad de vida en que mi desarrollo profesional me permite detenerme y decir: “Está todo bien con hacer plata, pero ¿qué más?”. Entonces uno empieza a profundizar en qué es uno, quién es uno, en la identidad. Y en ese proceso me di cuenta de que tengo el privilegio, la suerte, cada uno lo llamará como quiera, pero yo lo veo como una oportunidad y un privilegio para poder dejar una marca en el otro.

Cuando me mudé a Israel en 2002, después de la crisis de 2001, trabajaba en un lavadero de autos con mi papá. Éramos empleados y empezamos desde abajo. Yo buscaba constantemente formas de mejorar el negocio, proponía ideas todo el tiempo al gerente que era peruano. Le decía, ¿por qué no hacemos esto? ¿por qué no hacemos esto? Lo volvía loco.

Así como vengo de una familia de clase media, con un montón de dificultades y también muchas fortalezas, que debo destacar, mi sensación siempre fue que cualquiera puede llegar al éxito económico. Habrá que ver qué es el éxito para cada uno, pero creo que todos pueden desarrollarse profesional y personalmente. Es una sensación muy sincera, muy de adentro: si a mí me fue bien, a cualquiera puede irle bien. Creo que hay mucho de eso.

Cuando uno habla de ese rol, de generar impacto en el otro mediante la mentoría, la inversión o una charla, es porque sinceramente creo que todos pueden. Tengo amigos con los cuales hablamos cada dos semanas de sus negocios e intento ayudarlos. Así que viene de ahí.

P: ¿Qué consejos le das a un emprendedor que está empezando con su pequeña startup?

IF: Yo creo que un negocio es una extensión de uno mismo. Algunos lo dicen como que es el “bebé” de uno; yo creo que es una extensión. Jugaba mucho al fútbol y creo que como uno se para en la cancha, se para en la vida, y en los negocios es muy parecido.

Entonces, mi primer consejo es entender a dónde cada uno quiere ir y por qué. Querés armar un negocio, pero ¿por qué? Antes de la idea, ¿cuál es la razón? Esa razón puede cambiar y evolucionar, pero muchas veces hay una presión social que empuja a la gente a querer hacer cosas que no necesariamente quieren. Entonces, un proceso de autoconocimiento es muy positivo: ayuda a saber quién es uno y hacia dónde quiere ir.

Yo empezaría por ahí, preguntando: “¿Por qué querés hacer esto?”. Generalmente, el emprendedor reconoce algunas razones, las vuelve más tangibles y se apoya en ellas. Y cuando la empresa empieza a crecer y a contratar gente, ese mensaje se transmite. Entonces el proceso se vuelve más natural, enfocado y consciente.

Siempre me surge empezar desde adentro: ¿por qué estás haciendo lo que estás haciendo? ¿A dónde querés llegar? ¿Querés hacer plata? ¿Querés ser reconocido? Todo es válido, siempre dentro del marco legal. Entender el “por qué” es una de las herramientas más poderosas que un emprendedor puede tener. Después, se trata de ir jugando con eso.

P: ¿A vos qué te motivó de todo eso para armar tus primeras empresas?

IF: Empecé a los 26 o 27 años. Una de las cosas que me preguntan es qué hubiera hecho diferente, y a veces digo que hubiera empezado antes. Creo que la plata es la respuesta fácil, muchas veces es lo que surge automáticamente para esconder otras cosas detrás.

En mi caso, no sé si era la plata en sí, sino todo lo que hay detrás: el reconocimiento externo, por ejemplo. Como muchos otros, queremos ser queridos, y el reconocimiento es una forma de eso. También está el sentirse bueno en lo que uno hace. Cuando evolucionás con tu empresa y creces, sentís que sos muy bueno y eso llena el alma.

Esa búsqueda del desarrollo económico era reconocimiento, orgullo familiar, todo eso que vengo diciendo. Y también, hay que ser sincero: la imposición social nos atraviesa por todos lados. Uno fantasea con comprarse un auto determinado o irse de vacaciones a cierto lugar. Es una combinación de todo eso.

Con el tiempo y el trabajo, uno puede evolucionar e identificar mejor esas motivaciones. También pasa que cuando uno alcanza lo que se propuso, aparece la pregunta: “¿Y ahora qué?”. Es un trabajo constante. Lo vemos en los deportistas: la mayor parte del tiempo entrenan, y una menor parte juegan. Cuando nosotros estamos en la oficina, ese es nuestro “juego”. Entonces, ¿cuánto tiempo dedicamos a entrenar? A leer, a formarnos, a desarrollar la cabeza y la mirada crítica. Creo que el entrenamiento en el mundo empresarial es algo que hay que desarrollar más.

P: ¿Cuál considerás que es la principal virtud que debe tener un emprendedor?

IF: Creo que la clave es la constancia. Podemos tomar el ejemplo de un deportista. Se habla mucho del entrenamiento de Federer o de Messi, pero no sé cuánto entendemos que todo pasa por ahí. Vi muchas empresas con ideas espectaculares y emprendedores con una inteligencia impresionante, pero como en el gimnasio, todo depende de la constancia, del día a día. La clave pasa por la disciplina, por los recursos que uno adquiere de manera sostenida. Es un compromiso con uno mismo.

Hay una tensión constante: querés salir con amigos o querés desarrollarte. Es escuchar esas voces y llegar a un acuerdo. Definir prioridades. Puede sonar aburrido decir que todo es disciplina, constancia y ser autodidacta, pero para mí pasa por ahí. No hay atajos.

Las redes sociales generan la ilusión de éxito rápido, pero estadísticamente es muy difícil. Cada persona viene con una “valija de herramientas”, y depende de cómo las desarrolla y del contexto en el que las aplique.

Creo que yo tuve la suerte de llevar esa “caja de herramientas” a un rubro escalable. Trabajar con Google o Meta implica un potencial enorme. Hay rubros donde podría haberme ido mejor o peor, pero todo pasa por entender qué herramientas tiene cada uno, hacer el máximo esfuerzo y desarrollarse constantemente.

P: ¿En qué consiste la innovación que lograste desarrollar y dio impulso a tu empresa?

IF: Mi empresa Predicto tiene la capacidad de conectarse con los dos grandes mundos del online media. Por un lado, Meta y TikTok, donde se trabaja con tráfico e intereses de usuarios que las plataformas interpretan. Por otro lado, Google y Amazon, donde los usuarios expresan directamente lo que buscan.

Nuestra plataforma se ubica en el medio: crea contenidos que Meta y TikTok distribuyen a audiencias segmentadas, y dirige ese tráfico hacia lo que Google ofrece a los anunciantes. Es un modelo basado en predicción y creación de contenido que alinea los intereses de todas las plataformas.

Por ejemplo, una persona de Argentina, de entre 20 y 30 años, tiene una tendencia a que le guste más el fútbol. Entonces esas plataformas lo que saben hacer es interpretar esos intereses, segmentar a las personas y mostrarles publicidad en base a esos intereses. Eso se llama non-intent traffic porque el usuario no le dice de manera directa nada a Meta y a TikTok lo que le interesa. Una de las razones por la cual Google y Amazon son tan grandes es porque nosotros vamos y les decimos lo que estamos buscando, quiero ver qué auto comprarme.

Esa información vale oro, entonces Google va a diferentes marcas de autos y les dice que tiene usuarios buscando autos y les ofrece mostrarles una publicidad.

Nuestra plataforma está justo en el medio. Creamos contenido y ayudamos a Meta y a TikTok a monetizar las audiencias al tiempo que le llevamos tráfico a Google que es lo que le interesa, ya que no quiere depender solamente de la gente que entra en el buscador.

Lograr eso fue un punto de inflexión para la empresa: pasar de un modelo de performance marketing a uno más estadístico, escalable y sofisticado.

P: ¿En qué tipo de proyectos te enfocás en tu rol de inversor?

IF: Me identifico con una mirada oportunista. Hay tres factores clave al evaluar emprendedores, como suele decir Warren Buffet. Primero, la confianza o integridad. Segundo, la capacidad de resolver problemas y evolucionar. Tercero, la motivación. La ejecución es el multiplicador de cualquier idea. Una buena idea con excelente ejecución vale mucho más que una idea brillante sin capacidad de llevarla a cabo.

El rubro no es tan determinante, en la mayoría de los casos las empresas empiezan haciendo algo y terminan haciendo otra cosa. Creo que lo importante pasa por el equipo, las personas.

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