11 de marzo 2003 - 00:00

Cupones bursátiles

Hay Bolsas en el mundo, como la de Holanda -la vieja y querida cuna del sistema- que pierden hasta más de 20% en lo que va del año. Al índice Dow Jones no lo ataja nadie, mientras que hay gurúes pesados que le ponen más madera a la hoguera donde se han quemado fortunas en los últimos tres años. Si se asoman las narices fuera de nuestras fronteras, viendo bastante más allá, se podrán considerar dos temas nítidos: A) Que hay una depresión instalada en los mercados. B) Que nadie puede osar quejarse de lo que está dejando esta «Bolsita» austral, que está como el faro del fin del mundo...

Pero parece que junto con marzo también ha empezado a sufrir un poco y es difícil delimitar si esto lo está recibiendo desde el exterior. O si son ondas negativas que se le han aunado desde orígenes locales. Por caso, la debacle de ruedas pasadas en bancos líderes y, uno de ellos, con preponderancia dentro del Merval. Todo es cuestión de empezar, para que tome cuerpo alguna tendencia; lo demás se arma por propagación y si algunos papeles mayores se aflojan, el eco va rebotando por las demás, tarde o temprano. Están los que optan por vender otras, para buscar promediar hacia abajo la que creen «barata». Están los que deciden salirse con cierta utilidad, ante el riesgo de que la baja se acentúe en ese papel. Están los que hacen una lectura cruda de la realidad y ven que surgen peligros que antes no estaban. Y están, de última, los que siempre actúan por imitación y se pliegan a la corriente que ven saliendo, sin preguntar por qué demonios corren...

Se podrá pensar que la guerra inminente, lo que se ha dicho sobre esto y sus consecuencias incalculables son los generadores de todo. Está bien, pero insistimos en que por debajo de lo que ciega más al mundo hay un proceso
económico global que se ha venido desinflado. Y con el epicentro en quien debe ser la locomotora, el arrastre de los demás (nosotros no somos, quédese tranquilo...).

Cuando aparece un indicador al que se puede leer, retorcido, como que hay señales de mejora en la situación de Estados Unidos, todos corren a festejar. Pero la sucesión de señales contrarias deja en un marco lo otro. Y Europa está viendo, también, que el «efecto globalizador» los hará participar no solamente de las uvas sino también de las ortigas (que es el gran ardid de sus inventores).


Así las cosas, una Bolsa porteña que está merodeando los 600 puntos y que todas las mañanas intenta seguir viviendo en su propio microclima, que dejó 13% en dos meses -promedio- y que tiene plazas que han subido de 20% a 25%, resulta una especie de oasis dentro del escenario global. Lo que pasó desde inicios de marzo, no obstante, resulta una señal para seguir, porque hay principio de flojedad y que no le permite, aunque intenta, ni siquiera llegar a los 600 que ya había reconocido en enero. Es como la historia del Bismark: un torpedo solitario le dio en el timón y quedó dando vueltas
, expuesto al ataque.

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