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Es una buena forma de dividir opiniones, el hecho de estar o no incurso dentro de la masa de los que tienen intereses en juego. Y es típico que cuando uno dialoga con algún inversor que se mantiene al margen de los negocios, afloran con propiedad aquellos principios con que la misma Bolsa nos educa a lo largo de sus ciclos. También es cierto que la veteranía no resulta ningún salvoconducto, ni conlleva algún título de maestros en las artes bursátiles. Se pueden peinar muchas canas, haber visto mucho mercado: y opinar para el demonio. Cuántas veces se cruza uno con personas jóvenes, sin demasiados kilómetros recorridos en la inversión y que lucen no solamente en su preparación, sino en la manera de sacar conclusiones. Pero, la experiencia si se está con las luces para decantarla, los varios ciclos de alturas o de depresiones, van otorgando una cultura bursátil que suele aparecer en superficie: a condición de que el hombre no está opinando su dinero en juego.
Muchísimas veces se puede chequear cómo cambian los modos de pensar, según se esté dentro o fuera del mercado. Tanto los que esperan que una baja se haga más pronunciada, siempre, porque están viendo cuándo entrar o aquellos que no salen de las posiciones por más diferencias que estén haciendo.
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