5 de junio 2003 - 00:00

Cupones bursátiles

Un rascacielos de 130 pisos se construirá en Seúl, decía el cable. La Compañía Korea Foreign refirió que será construido un hotel de 560 habitaciones. ¿Nos equivocamos de noticia, para una columna bursátil? Por ahora, sigamos...

El rascacielos se alzará en Sangam, barrio occidental de la capital surcoreana. A un costo de 1.300 millones de dólares se comenzará a realizar para el año próximo. ¿Cuál es la relevancia de la noticia? Que pasará a ser el nuevo «edificio más alto del mundo». Superará al actual rey de las alturas, el World Financial Center, de Shanghai. Esta mole tiene 490 metros de altura. ¿Y la Bolsa, qué hace en todo esto. Más bien, los índices, que han alcanzado cualquier tipo de sofisticación y a partir de aquel que relacionaba «el ato en la falda de las mujeres con los ciclos de subas y bajas en los mercados». Pues bien, un economista llamado Lawrence -de Hong Kong- se dedicó a buscar símbolos de las crisis, en las diversas etapas de la historia. Y este hombre concluyó que donde se instalan los rascacielos más altos del mundo están las zonas proclives a los desastres económicos futuros.

Para la legendaria crisis del '29 tomaba aquella loca carrera entre John Raskob y el mismísimo William Chrysler, quienes eran asociados cuando estaban en el proyecto de quedarse con la RCA (una de las acciones más ruinosas, en la caída posterior de Wall Street), pero enemigos a muerte en cuanto a lograr ser el dueño del edificio «más alto del mundo». El del magnate automovilístico, que quedó como un símbolo de los «locos años '20» (por toda la abundante decoración con que se lo adornó), fue rey por solo un año. Llegó a 350 metros.
  
John Raskob, un especulador alcista desenfrenado que se desesperaba por seguir inyectando fuego al ciclo de aquellos momentos, se desesperó por poder superarlo, y lo consiguió de un modo original. En lo que había sido el lugar del mítico hotel Waldorf Astoria, construyó su Empire State y para superar al de su competidor le agregaron una llamada torre de amarre (para dirigibles, decía) que le proporcionó una treintena de metros más y para conseguir 381 metros: desde 1932 hasta 1972 quedó con el cetro del más alto.Y en esa torre insólita, el inocente King Kong se dio el lujo de hamacarse, con la chica en las manos. Bueno, con tal tipo de datos, el economista estructuró su indicador de sísmicos económicos. Lo que incluye mercados y economías. Por lo que será preciso que los constructores del nuevo gigante estén previstos contra lo que pueda suceder con Corea a partir de esa nueva pieza espectacular de 580 metros.

En Asia ya estuvo la pavorosa crisis de la década anterior; a favor del índice hay que decir que ese edificio que tiene hasta hoy el récord de altura se ubica en Shanghai. Ciertamente que suena a cuento, a nota de color nada más, pero no es menos cierto que una de las expresiones de los multimillonarios es acercarse cada vez más al cielo, a como puedan hacerlo. Tanto procurando que los indicadores extiendan sus ramas de modo indefinido como en un tipo de construcciones fastuosas que puedan derribarle el récord a otro. Y cuando se ingresa en tal tipo de etapas, también es posible que semejante exuberancia -multiplicada en otros segmentos sociales- lleve consigo la simiente de una crisis. Lo que es un hecho irreversible, pero a veces se olvida, es que ni la Bolsa ni los edificios crecen hasta el cielo.

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