13 de junio 2003 - 00:00

Cupones bursátiles

Salvo en algunos rubros, especialmente los que tienen un corredor fluido con sus productos al exterior, la capacidad instalada posee un techo para cubrir en muchos sectores. Habrá que aguardar cuando se produzca la línea de corte, entre el tironeo de demanda del consumidor local y una capacidad que ya no tenga una porción ociosa. Hay un reguero de combustible que se está ampliando -llamado circulante-y que es el esencial carburante, para que los motores de la inflación estén prestos para ponerse en marcha. Y desde allí, otra vez a la dimensión desconocida, de un país que está exhibiendo un paréntesis entre dos estados inflacionarios: el pasado, de varias décadas, y un potencial de reiterarse donde las condiciones se produzcan. O bien, se tomará por el otro camino -disciplinado-de las empresas aumentando producciones (¿hubo inversión para ellos?) y abasteciendo, dentro del mismo esquema de precios. La salida de auxilio pasaría nuevamente por abrir la entrada del producto importado, formalizando el círculo ya conocido, que ha desmantelado buena parte de plantas nacionales. Es una tenida para no perderse, porque también está la otra alternativa de ver al circulante en una moneda vil, yendo a su clásico refugio de moneda fuerte. Con lo cual, tal lo expusiera este diario días atrás, entraríamos en ese llevarse las reservas que prosiguen en un punto de debilidad, como el atraso en el pago de deuda: ya está en los u$s 15.000 millones. De un modo, o de otro, nos dirigimos a un cuello de botella, o a un « desfiladero» -como en el oeste-donde los indios no se ven... pero, están detrás de las rocas.

Nos gustaría leer sobre esto, por parte de pluma analítica mucho más considerable que la nuestra, tanto para desarrollar ese escenario futuro, o para derribar tales creencias. Bien podrían existir otras variantes, lo que sucede es que en el idioma doméstico siempre hemos visto a la gente quitándose de encima la moneda mala: o por el consumo de bienes, o comprando dólares. Podría mencionarse el tradicional depósito en plazos fijos, aunque después de sucesos frescos en el tiempo: suponer términos más o menos largos, para neutralizar ese circulante se nos ocurre menos probable, en esta época. Al respecto, hemos visto ayer el monto de
cauciones que se gestaron en la Bolsa a lo largo de mayo, una usina segura para colocar dinero, aunque planteando otro dilema: si es que el mercado tiene un tropiezo serio, debiendo los tomadores reponer garantías en efectivo. Pero, esto último no hace al tema principal, y que resulta el facilismo y la tranquilidad con que parecen tomarse las estadísticas sobre aumentar impresión de billetes, bajo un montón de requerimientos diversos. Puede alguien apuntarnos que: «el ciudadano argentino ya ha experimentado la híper y tiene la suficiente razonabilidad para no entrar en inflaciones». Nos permitimos dudarlo, ya que no advertimos esa disciplina, sino que las condiciones ilíquidas lo hicieron cauto temporal. Esperemos.

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