El importante sector de las «privatizaciones», que supieron resultar en muchos momentos atracción principal de nuestra Bolsa le han quitado al mercado un imán importante. No por ellas, está claro sino por la extraña situación en que se han visto envueltas, y ahora todavía más acosadas, desde diversos funcionarios oficiales. La teoría de querer cansarlas, hasta poder «renacionalizarlas» se cae en el propio peso del endeudamiento argentino. Puede que algunos trasnochados acaricien la idea, así como los sindicatos ansiosos de poder poseer nuevamente sus cotos de caza de dineros públicos, pero las épocas donde se pateaban lingo-tes de oro en el Central - y se era acreedor de las potencias europeas en la Segunda Guerra-han quedado bien guardadas en la historia. Confiscar no puede ser el camino, seríamos inmediatamente crucificados por el mundo, recomprar es un imposible por las cuentas públicas, así que todo debe estar pasando por tener que dar un nuevo tablero tarifario, pero dando muestras de cuán molestos están para hacerlo.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
Otra puesta en escena, de las tantas que está estrenando un gabinete que es tan apto para la comedia como para el drama, retorciendo realidades, mostrándose al mismo tiempo severísimo con unas cuestiones de derecho y, por el otro -como dando inmunidad a soldados norteamericanos, que no podrán ser enjuiciados aquí, aunque cometan delitos- en una actitud desconcertante. Están en la que vulgarmente se llamó siempre: «apretada», haciendo crecer un resentimiento a los bienes extranjeros y que algún día de éstos puede generar hechos desgraciados, que den la vuelta al mundo. Estos gobernantes no han sabido separar la delgada capa que separa el «incentivar» a la gente, del «incitarla». Mientras los piqueteros se dan el gusto de tomar mate en medio de la Panamericana, y todos los accesos, sin que se levante un dedo: los ahora minuciosos inspectores oficiales recorren trenes, se permiten dudar de fallas en un sistema energético y hasta parece alguien muy encumbrado que las quiere: «cortar como un queso». El asunto es que, especialmente en el sector electricidad, la situación se ha puesto demasiado al límite. Y en los otros, los atrasos tarifarios hacen perder ganancia operativa de modo continuado, con algunas habiendo caído en la pérdida desde el único ángulo que puede medirse una sociedad: su capacidad de ganar, en lo genuino de su objeto social. Podría resultar ese sector de «las privatizadas» un motor oportuno para reanimar al alicaído panorama accionario, donde se den a conocer los aumentos inevitables y recuperen varios puntos en su imagen como papeles cotizantes. Son varias, son fuertes en activos, están en rubros clave, no exportan, pero dispensan servicios esenciales. Quizás, buscando hacer posiciones de liquidez asegurada y con estructuras fuertes, las de tal sector puedan llegar a ser las figuras de la última parte del año. La otra posibilidad es que se produzca la fisura definitiva y ahí... a correr todos. Informate más
Dejá tu comentario