18 de agosto 2003 - 00:00

Cupones bursátiles

La tasa baja de financiación, para seguir viviendo «apalancados», puede resultar un buen sostén si los pisos sirven de catapulta -y si éstos son «los pisos»-, pero constituirían un pesado lastre en el caso de generarse una brecha seria en estas marcas, de los sustos como el que debió llevarse la plaza a inicios de la otra semana. Donde se ingresa a zonas rojas, de reposición de garantías, la madeja se hace tan dificultosa que los tomadores esperan a sus presas, como si hubieran dejado un «mediomundo» al borde de la escollera. Aun dentro de un mercado que por imperio de ciclo bajo en volumen, en precios tal vez, en escasez de especies real-mente líquidas y populares, se ha hecho sesgado a lo profesional: cohabitan los muy y los poco profesionales, los que creen serlo pero andan de chasco en chasco (aunque no se lo cuenten a nadie). Y es natural que así esté armada la civilización bursátil, que si todos fueran talentos de los mercados sería como enfrentar en una plaza a Benjamín Graham vs. un Warren Buffet, neutralizándose permanentemente y yendo a resultar un perjuicio para el todo: porque lo imprescindible es que haya siempre divergencias de opiniones, para que uno esté dispuesto a vender y el otro a comprar en la misma línea de corte. Aquello que es la simple esencia de todo, actores «haciendo mercado», ganadores y perdedores en el corto plazo, pero en un sistema que esté en desarrollo, a la larga todos deberían ganar. Que no es nuestro caso actual, claro...

Pero, más allá de disquisiciones que simulan ser académicas, pero muy limitadas, lo que tratamos de indagar es la composición de esa materia flotante que es nuestro circuito bursátil. ¿Quiénes han quedado en él? Decíamos, casi todos profesionales -buenos o malos-, no en el sentido de que sean comisionistas, sino en el que hace de una actividad casi la exclusiva. Que intenta sacar diferencias, hasta quizá poder vivir de ello. Los que dedican permanente atención a las ruedas y disponen del tiempo para dedicarse a vigilar las ruedas. Desde el recinto o desde las oficinas de un agente. O bien, desde la propia casa, con la ayuda de las comunicaciones modernas.


El medio ambiente no resulta el apropiado para que las especies de riesgo puedan desarrollarse lozanas. Las ideas imperantes en la política y la economía -sin estar en discusión si son o no populares-no condicen con el «hábitat» preciso para inversión que necesita capital y mucha gente esperanzada sobre que ello le puede brindar una renta. Se puede asegurar que en la mezcla que buscamos, un buen porcentual debe ser institucional, lo que aumenta la exposición al riesgo si es que una, o más, de las grandes carteras le saca el cuerpo. La Bolsa, el sistema, se fundamenta en base atomizada y discordante en sus intenciones, que generen negocios y ciclos casi sin notarlo. Y que si uno sale, dos entran -sube-o si la proporción es al revés, baja. Pero otra parte de la mezcla puede estar esperando y estirando la goma, demasiado...

Dejá tu comentario

Te puede interesar