21 de agosto 2003 - 00:00

Cupones bursátiles

Los del Fondo llegaron, vieron y partieron. Mucho ruido se hizo con su llegada. Casi silenciosamente se despidieron. Nadie sabe a ciencia cierta qué es lo que se llevaron, si realmente existe ese «borrador» por transformarse en acuerdo, o si hubo desilusiones y puentes rotos que deberán volverse a tender. No es lo mismo tener a los funcionarios de la entidad viviendo en un hotel céntrico, reuniéndose con los funcionarios de Economía, o de Casa de Gobierno, que andar hablando por teléfono o enviándose correos electrónicos.

Si en esas maletas esta gente solamente llevó desilusiones, la cuestión volverá a tornarse lo bastante dura como para volver a ponerse el chaleco salvavidas. Tampoco en esto la población interviene demasiado. No ocupa titulares de los noticiarios ni disputa centímetros con los partidos de fútbol. Sin embargo, bastante de lo que nos pueda suceder está guardado en esas maletas que se llevaron los visitantes del Fondo Monetario (al tiempo que el amigo Chávez realizaba alocuciones contra el FMI). Indudablemente, todo el show armado por las elecciones porteñas -que dejan en segundo plano las de legisladores nacionales y ¡hay cada nombre en estas listas!- acopió los comentarios. Pero en el fondo del problema, encauzar al país por vías de una nación normal resulta mucho más prioritario. Si Macri, Ibarra o quien resulte, es jefe de Gobierno, nada nos irá a cambiar sustancialmente. Si se producen fisuras en la llegada de ese maltratado «acuerdo» con los acreedores nos esperan momentos de rumbas y cha-cha-cha, donde todos deberemos bailar con la más fea nuevamente.

Esta Bolsa, que se ha vuelto a empequeñecer desde julio en adelante, ha dejado de vivir cierto «romance» con nuevos gobernantes que no resultan el ideal para un mercado de riesgo, pero que habían sido tomados: buscándoles el lado bueno. Las chispas entre Lavagna y un brazo derecho de Kirchner también resultan todo un dato para relacionarlo con los muchachos del FMI que se fueron. Dio la sensación de que algunas cuestiones otorgadas por el ministro de Economía, exigidas por el Fondo, resultaban vetadas desde arriba, colocando en muy incómoda posición a un Lavagna, que aspiraba a dejar todo cerrado para estos momentos. También nos habla de funcionarios «territoriales», que atacan al otro donde se invaden ciertas áreas, al más primitivo estilo de muchas especies de la naturaleza. El verticalismo inaugurado, donde ni siquiera un vicepresidente puede dar su opinión sin que le salten encima, implica también que todo está en manos de humores ideológicos, más que en razonamientos de Estado.


¿Qué será de Lavagna, si es que está dispuesto a conceder para firmar y desde arriba lo bochan? Una pregunta para semanas próximas, aunque parece haber caído bajo la mira de quienes desean armar un gabinete compacto, que se alinee sin chistar a planes que van más con los deseos que con las posibilidades de hacer.

Dejá tu comentario

Te puede interesar