22 de agosto 2003 - 00:00

Cupones bursátiles

Pedidos de renuncias, expresiones sobre que «la deuda externa es impagable», todo en una misma fecha, demasiado para una ya anémica tendencia bursátil. Un desplome que tuvo la curiosidad de ser igual a otro de semejante porcentual -3,5% en el Merval-, pero que resulta mucho más dañino para la salud del mercado por cuanto en el primer cimbronazo, de un lunes, el índice procuraba sostenerse sobre los 700 puntos. Y el martes pasado patinó hasta los 687, muy peligrosos. Claro, en la primera vuelta no había hechos tan concretos, solamente una onda de preocupación para un ambiente de Bolsa que solamente puede ver vitaminas en políticas de izquierda, dentro de un país donde la riqueza se ha esfumado, haciendo la vista gorda... pero muy gorda. Que es, en definitiva, lo que se vino intentando desde mayo y hasta brindando un junio de «esperanza», para no contradecir eso que flotaba en el aire. Hoy, la «luna de miel» parece haber concluido a los golpes: la Bolsa acaso se sienta como la mujer golpeada, aunque no haya recibido ninguno directo.

Se ve que en el gobierno están apurados por adelantar los tiempos. Las peleas clásicas con un «vice» tenían orden de agenda bastante más allá, pero anticiparon la fecha. Y ya se está cayendo en la cuenta de que el famoso «borrador» del Fondo Monetario resulta un «garabato» que se habrá escrito encima de lo poco adelantado. Todas las manifestaciones que vinieron después de las reuniones fueron mucho más en dirección a romper las pocas lanzas que quedaban, casi incendiando el barco y que nadie pueda salir.

El mercado, herido por julio, rematado por agosto, con «ejercicios» todavía en la garganta, se encontró con las bellas novedades ese martes y se disparó la cláusula «gatillo» (que no la utilizamos tecnológicamente, como en el NYSE, pero la tienen todos en la cabeza: «Debajo de tal precio... ¡venda!»). Y la función debía continuar, pero lo que se tejía desde esa noche del martes -entre presi y vice-, entre la Argentina y el FMI, aseguraban que el libreto para continuar no sería apto para cualquiera.Aquí es donde entra la iniciativa, tomada como prevención oportuna de aumentar aforos y ampliar cifras para cauciones, demostrando que muchos «se la veían venir», en una plaza que no daba señales de reponerse de los «rounds» iniciales de agosto. A partir del miércoles la lucha iba a ser de trincheras, hombre a hombre, dos vendedores, tres, cuatro, contra alguno de los «aliados» que quisiera poner el pecho. Y todo para ver si la estratégica «colina 700» podía ser reconquistada nuevamente, antes de que los «osos» empujaran hacia el mar... El ambiente está que arde, nosotros sobre la parrilla, los de arriba demostrando que quieren un equipo del mismo color y la misma tonada; que, si es cierto, vendrán por Lavagna en cualquier momento. Nuestro «César» de la economía, quizá deba cuidarse cada mañana al entrar, no sea que un «Bruto», y compañía, esté detrás de una columna de Hacienda...

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