25 de agosto 2003 - 00:00

Cupones bursátiles

Las cartas se van dando vuelta, una por una; el juego ya está casi descubierto. Llegan momentos -aunque falta un par de naipes bravos por conocer- de tomar decisiones de inversión. Irse o quedarse en el mercado de riesgo. Estar navegando a dos aguas puede resultar la peor de las estrategias, porque el nuevo esquema que deberemos asumir viene con convicciones fuertes en la base. No se está dudando en atacar a quien ose colocarse en otra posición, la «teoría conspirativa» vive en boca de funcionarios muy irascibles, con la irritación que es propia de la desconfianza en todo lo que les rodea. La Bolsa acusó ciertos impactos que la hundieron debajo de los 700 puntos del Merval, porque en muchos protagonistas cayó muy de sorpresa el escenario de confrontaciones internas, a tan poco de ejercer la piel tan expuesta a la sola expresión de esperanzas o de deseos que se superponen a la realidad. La política que se lleva, y que difícilmente cambie, va en dirección opuesta a la «pro mercado». Casi en las antípodas, así como también está lejos de la que se estructura para intentar recrear riqueza (antes de redistribuir pobreza). Esto es lo que se observa, crudamente, de muchos hechos y medidas hilvanadas. Que el FMI haga la vista gorda, si es que políticamente se lo piden desde arriba, puede ser una salidera para quienes solamente apostrofan a los acreedores y hasta traen amigos que sugieren «aniquilar al organismo». Nadie, sabidamente, optaría por escupir la cara de quien tiene todos los resortes para desencadenarnos otra crisis: bien, aquí se hace. Una cuota de audacia sin par, o alguna buena porción de ignorancia pueden llevar a semejantes grados de exposición y cuando -se sabe- todo ataque, más o menos fuerte, sobre las endebles reservas haría volar lo poco reconstruido desde el default por los aires. O alguna exigencia mayor de acreedores que tienen bonos argentinos solamente para empapelar paredes, pero que con ciertos fallos a favor comenzarían a embargarnos.

Scioli ha quedado en precaria posición, caminando en el alambre, pero Lavagna no está muy lejos de transitar por el mismo carril, donde diga algo más que moleste a los «alfiles» del gobierno. El episodio sobre las «obras públicas» fue suficientemente duro para el ministro de Economía que nos da otros datos para incorporar: lo que se quiere llevar adelante ahora, tozudamente, no tiene cabida en el ajustado presupuesto económico.


La política del rinoceronte -de atacar todo aquello que se mueva por delante- se justifica en el animal, porque es sumamente miope. Quizás haya que buscar analogías con los que están haciendo lo mismo, por no ver bien lo riesgoso de esas actitudes. Para el inversor de Bolsa, éstos son tiempos muy difíciles de poder manejar: una lucha entre el pensar que puede haber activos por debajo de su precio potencial, pero insertos en un escenario que bien los puede seguir devaluando.
Sacar una conclusión (y llevarla adelante).

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