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Plata fresca no va a haber. Necesidad de atraer capitales, resultará una de las tareas. Y lo que se observa en estos puntos es que el cambio se puede dar en modificar marcos de actuación, de la mañana a la noche, y sobre lo que ya se ha tenido una prueba con la huida del capital francés de Telecom. ¿Qué puede asegurar que lo convenido hoy no sea modificado en cierto tiempo y con la simple voluntad de una ley que revoque otra? ¿Se puede creer en corriente inversora hacia un país donde la tendencia es a desinvertir de parte del capital foráneo? ¿Traerán los propios argentinos esas enormes sumas que, se dice, tienen en el exterior? La seducción del «oro de América» funcionó hace más de un siglo y cuando un desalentado inmigrante italiano -llevado a California por la fiebre del oro- comentaba: «Me dijeron que en América la prosperidad afloraba por todas partes, que hasta las calles estaban tapizadas de oro...». Y continuaba diciendo: «Cuando llegué, me di cuenta de que las calles no estaban tapizadas de oro. Que ni siquiera había calles. Y que estaban esperando que las hiciera yo...».
La Bolsa también deberá ir midiendo en su tendencia hasta dónde la sola incitación «al cambio» es capaz de movilizarla. O si apelará a la sabia razón del inversor foráneo, en bonos argentinos, con la idea de: «Confiar es bueno, pero desconfiar es mejor». Está todo muy a flor de piel. La intención de encontrar otro Highlander, descargando en el personaje la responsabilidad, sin oposición efectiva, inaugura una nueva época. Se verá si lo que viene es progreso.



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