14 de octubre 2003 - 00:00

Cupones bursátiles

Cuando el Merval, con súbito empuje en octubre, alcance la cota de los «900» puntos: se hallará en el punto justo, de haberse devaluado como el peso argentino. La equivalencia nos dirá, entonces, que: 1 Merval «fuerte» (1992) = 3 Merval argentinos (2003). Por lo cual, se puede estar llegando a un festejo nominal de igualar, o superar, un llamado récord histórico que podrá ser verdad para el espíritu, no para el bolsillo. De todos modos, este tipo de ceremonias suele generar algún brote de optimismo adicional, como si fuera necesario alimentar el ánimo de modo permanente y con todo tipo de recursos, más allá de la excelente trayectoria que está desarrollando el mercado en lo que va del año. Habiendo finalizado en los «525» en 2002, se sitúa el viernes pasado en los «863» puntos, en el correr de nueve meses y algo más. Y en el «sprint» de la competencia anual, aparece el recorrido desde finales de agosto -«713» puntos- hasta estos «863», en un mes y diez días, dejando 21% en el índice ponderado. Que también es en dólares la ganancia, vista la pasividad de la divisa, hecho que convierte al indicador en una veta espectacular del mundo.

Para el total del año, es 64% de mejoría, en pesos, y si se recuerda que el dólar pierde más de 15% en estos meses: aparece una ganancia en términos de moneda fuerte, que origina una doble calificación. Siendo los activos de gran rendimiento, también revistar como los más seguros. Entrar, salir, cambiar, caucionar, potenciar la tenencia, vender una parte y seguir sólo con la utilidad, totalmente amortizada. Una verdadera «plata dulce», y donde ya se puede hacer la cuenta que, en una inversión de $ 10.000 de finales de 2002, puesto en cartera Merval, se pueden retirar los $ 10.000, ponerlos a cobijo, y seguir todavía con $ 6.500 moviéndose alegremente y buscando hasta las jugadas más arriesgadas: con dinero del mercado. El hombre queda bien con la familia, para que no lo acusen de arriesgar demasiado, continúa con aquello que no tenía y puede mostrar la suma que invirtió al principio: limpita y rozagante, fuera del riesgo.

Algunos lo hacen, otros prefieren continuar con toda la posición sino caucionar y comprar más papeles, como para llegar al «clímax» completo. Nos acordamos de viejos consejos, de grandes especuladores donde apuntaban aquello de: «nadie se ha arruinado por llevarse las ganancias a casa». ¿Es hora de pensar en una política conservadora? ¿O es tiempo de creer que hay mucho recorrido, por aquello de un Merval nominal al que le falta mucho para equiparar al del dólar?


Todo parece resultar seductor para esto último, el «romance» continúa, los acreedores no cobran, el circuito sigue sin crédito para el aparato igual puede moverse, en el sistema financiero. Las acciones poseen una fuente propia, sin necesidad de alimentarse de capital de terceros, las tasas de interés siguen por los suelos. Son los instantes de mayor peligro, cuando todo parece sonreír.

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