17 de marzo 2004 - 00:00

Cupones bursátiles

No poseer estrategias de corto, mediano y largo plazo, en cualquier compañía que se respete y quiera progresar, implica quedar en manos de un «iluminado». Esta fatal tendencia del empresariado local, que en muchos casos se ha ido desdibujando al quedar menos empresas familiares verticalistas, nos lo exponía como una de las principales falencias que observaba en nuestro medio: justamente un empresario de aquel momento, en los años '70. Son de las apreciaciones que uno lleva consigo, aunque no las haya anotado siquiera, pero afloran en cada momento donde tal tesis se ve demostrada. El mal del « iluminado», el que, si está de viaje por algún otro país, es permanentemente consultado para tomar decisiones, porque automáticamente todos dependen en la empresa, de que la persona decida y que esté siempre iluminado. Esto les ha costado la empresa a muchos empresarios, a familias enteras de los grupos de control que se cayeron de pronto, porque el gran «iluminado» -con decisiones inconsultashabía fallado en algunos puntos clave y en momentos de decisión bajo presión: endeudarse o no endeudarse, tomar créditos en dólares, expandirse o mantenerse quietos, salirse del objeto social tradicional -el conocidopara buscar segmentos que puedan potenciar el crecimiento o que deterioren hasta el objeto original.

En tal tipo de decisiones clave, hay que cruzar los dedos para que el «iluminado» no se equivoque y que no esté en un período conflictuado o con el hígado inflamado. Y si esto ya en el terriblemente competitivo e integrado mundo moderno, puede ser letal, imaginemos en la conducción de una nación, que no posee margen para el error en casi ninguna de las materias. A diferencia de las empresas, los que deben manejar el interés común, a lo sumo, dejan la función pública, vuelven al cobijo de sus actividades particulares, y que se arreglen los que vienen atrás, o la ciudadanía en general. Pero la teoría del « iluminado» -una raza que se ha ido extinguiendo-sigue prevaleciendo y sin que los que pueden exijan que se tracen planes y estrategias; se trata de avanzar en el día por día.
 
El argumento que muchas veces se enarbola desde arriba, actualmente es que «por culpa de los planes miren cómo estamos», cuando, en verdad, se pueden recorrer las únicas mejores zonas de los últimos cuarenta años y fueron cuando se realizaron planificaciones bien estructuradas y que abonaron la creencia social, para que el país tuviera respingos de resurgimiento. Que después se desaprovecharon, por la mala utilización de los réditos iniciales de credibilidad en la población. Una malversación de inquietudes, de esperanzas renovadas, por los que se enamoran del impulso y se olvidan que hay que seguir incorporando fases de un programa, de un plan. O se deja que un «iluminado» con todo el poder acierte para resolverlo todo, siempre. El problema es que las empresas aprendieron de ése, pero los políticos no.

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