30 de marzo 2004 - 00:00

Cupones bursátiles

Y se va marzo. El primer trimestre de actividad. Pudo haber sido mejor. Pero también, peor. La Bolsa dio para ganar; los que fueron retirando utilidades encontraron una diferencia más que importante. Un cono de sombras y dudas se aposentó sobre la plaza, en las postrimerías del mes, justificado por hechos que conmovieron viniendo del exterior y por una ya declarada «emergencia energética», donde se apela a un sentido del ahorro que casi nadie pondrá en práctica. Llegar a tal punto de solicitud da un semblante sobre lo delicado de esta crisis a la que no se supo estimar de antemano, porque, claro, si no se tienen planes sobre nada, menos todavía se van a encargar de anticipar consecuencias. Ya con el techo cayéndose encima de las cabezas, los únicos apelativos pasan por pedidos de ahorros energéticos a la población y las consabidas culpas a las empresas del sector. Se debió cortar suministros a Uruguay, está sobre el alambre el envío hacia Chile de gas. Con Brasil, se va a producir el camino inverso: de vendernos ellos. Antes de hacer estos papelones, de suspender abruptamente lo convenido, ¿no era mejor prever que frente a tironeos de demanda iríamos a una emergencia? ¿Y no era a la vista de todos que, al dejar al gas como sustituto tan alejado de las tarifas del resto, el cambio de los usuarios crearía tapones imposibles de remover? Esto es lo que hace que se tengan dudas razonables acerca de cualquier escenario actual, al que se desee proyectar la falta total de previsión. En todo país que esté organizado, ante una crisis se formaliza un consejo de notables y se comienza a actuar desde el llamado «comité de crisis».

Incluso, para temas que no son tan esenciales como la energía. En Wall Street, se había organizado ese comité antes de las fuertes caídas últimas, para tener prevista una batería de medidas. No para detener una caída natural, por exuberancias, sino para no andar echando culpas o llorar sobre lo perdido: solamente para ver cuáles normas son las aconsejables, antes de que se produzcan los hechos en la práctica.

A tal punto de propuestas, seguramente que desde las autoridades se contestaría con un científico: «¡Minga!». ¿

Para qué tener planificaciones, señor presidente?: para saber que pueden aparecer coyunturas muy complicadas y poseer los antídotos a tiempo. ¿O en serio hay que creer que todo es culpa de las empresas de servicios? Mantener el gas por el piso, con tal de que todos estén contentos y no exista aumento de costos, es una medida que se puede imponer, pero no se podrán evitar estas consecuencias: un verdadero nudo, del que se intenta salir solicitando «ahorros» a la población. Para
la inflación, tampoco hay previsiones; por lo que se observa, todos los funcionarios están muy tranquilos y ni siquiera pierden tiempo en analizar el tema. Será porque creen que, manejando las estadísticas, maquillando oportunamente, están a salvo.

Veremos si es así.


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