Cupones bursátiles
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La Bolsa está también en la fase del escepticismo, buscando ahora realidades: antes que ignorar los hechos y hacer su propio juego. Está más bien pálida, paseando su anemia de órdenes por un recinto que vive vacío de protagonistas -por voluntad propia-y se ha vaciado de cifras, por deserción manifiesta. Hay que pasar este otro fantástico episodio, de inventar una semana turística uniendo cuanto feriado era posible. (Esos dos días que faltaban los podían haber logrado retrotrayendo el 25 de Mayo, o la muerte de San Martín.) Total, en país tan floreciente y libre de problemas, qué mejor que la teoría vicepresidencial de haber decretado siete días corridos de «carnaval de otoño»... La semana no sirve para juzgar lo bursátil, se actuará de compromiso y el volumen puede llegar a lechos mínimos del año y de mucho tiempo. Si no es así, igualmente no servirá para concluir nada. Y ya será en la madurez de abril cuando se tendrá que juzgar la hora de la verdad del mercado y la tendencia actual.
Es sensato lo que sucede, lo insensato sería seguir actuando en un miniclima artificial, pretendiendo la «Bolsa-isla» que se instaló en muchos tramos de 2003. Caer desde más arriba haría mucho más ruido. Y la base apenas si otorga crédito, para operar tambaleando en los niveles de marzo. Lo demás suena a fantasía.



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