6 de abril 2004 - 00:00

Cupones bursátiles

Que los propios empresarios industriales rueguen porque les aumenten el precio de la energía ya es rayar con la medianera de la fantasía. Sin embargo, tantas cosas suceden en ese plano que esto también solamente se comenta como una novedad rutinaria. Así está la situación, mientras se juega a una sofisticada ruleta rusa con una planta energética que debió hacer parada para reparaciones bastante antes, que ahora se le continúa exigiendo al límite y hasta desafiando opiniones de los técnicos que la asisten. Otra historia para una antología de la ciencia ficción. Pero es la Argentina costará mucho llegar a sembrar a alguien: salvo, cuando se vuelva a las raíces del ser humano y se armen espontáneamente marchas como las del padre de un muchacho más, asesinado salvajemente. Eso caló hondo, pero lo más probable -por más ejercicio de esperanza que se realice-es que todo vuelva a la cruel habitualidad, una vez pasados los sucesos de esa plaza repleta de gente, con velas en las manos. ¿Es ser demasiado escépticos, restarles chances a esos nobles emprendimientos? Pues todo el escenario pasado, y presente, indica que los nombres se han cambiado en ciertos poderes: pero que nada ha variado en aquellos virus que nos llevaron al desastre. Y pretender que todo se soluciona con la simple esperanza, con la fe, sólo es posible para adherirse -cortésmentea la Semana Santa, mientras la razón dicta otra cosa...

La Bolsa está también en la fase del escepticismo, buscando ahora realidades: antes que ignorar los hechos y hacer su propio juego. Está más bien pálida, paseando su anemia de órdenes por un recinto que vive vacío de protagonistas -por voluntad propia-y se ha vaciado de cifras, por deserción manifiesta. Hay que pasar este otro fantástico episodio, de inventar una semana turística uniendo cuanto feriado era posible. (Esos dos días que faltaban los podían haber logrado retrotrayendo el 25 de Mayo, o la muerte de San Martín.) Total, en país tan floreciente y libre de problemas, qué mejor que la teoría vicepresidencial de haber decretado siete días corridos de «carnaval de otoño»... La semana no sirve para juzgar lo bursátil, se actuará de compromiso y el volumen puede llegar a lechos mínimos del año y de mucho tiempo. Si no es así, igualmente no servirá para concluir nada. Y ya será en la madurez de abril cuando se tendrá que juzgar la hora de la verdad del mercado y la tendencia actual.

Es sensato lo que sucede, lo insensato sería seguir actuando en un miniclima artificial, pretendiendo la «Bolsa-isla» que se instaló en muchos tramos de 2003. Caer desde más arriba haría mucho más ruido. Y la base apenas si otorga crédito, para operar tambaleando en los niveles de marzo. Lo demás suena a fantasía.


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