19 de abril 2004 - 00:00

Cupones bursátiles

Si no podemos poseer «entes» que funcionen del modo más natural, correcto, simplemente sujetos a derecho y a lineamientos claros, pues, creemos un «Súper Ente». Después de todo, ya también hemos comprobado que cuando los poderes normales de la República no cumplen con lo suyo, la solución pasó por otorgar los «Súper Poderes», la sumatoria de los poderes a un par de personajes. Lo cierto es que esperando realizaciones concretas, de importancia para la marcha económica, lo que se está gestando es el nuevo engendro como para resumir en un solo sitial las funciones que corresponden a otra serie de organismos, que no desaparecerán sino que quedarán subordinados. Se dice qué es lo que indicó el Fondo Monetario para hacer, y en esa curiosa maratón de rebelarse, o asentir, a directivas del organismo: en este caso no se alzaron voces reclamando que tal indicación es «una intromisión en las cuestiones internas de la Nación». En esta ocasión, la idea seduce más a los de adentro que a los de afuera, para poder meter todo en un puño y dinamitar cualquier resto de independencia de funciones, o de autarquías. Menos mal que, por ahora, no se ha visto mencionar el área del sistema bursátil dentro de las atribuciones del « Súper Ente» futuro. Quizás se la olvidaron porque representa hoy en día muy poca porción de lo que interesa manejar.



Nadie acierta a saber bien dónde iremos a parar: pero, que lo vamos haciendo cada vez más concentrado y rápido es un dato seguro. Además, habrá nombramientos, más trabajo administrativo para ciudadanos que pasarán a colgarse de los presupuestos del Estado. Y unos con gastados legajos, de haber participado en entusiastas desastres anteriores, y otros que se estrenarán empezando por arriba, se formará un nuevo seleccionado de funcionarios: con afán de meter mano en todo. Más todavía, si se sitúan dentro de la élite de un organismo que gobernará a los demás desde arriba. Planes, no. No se necesitan, dicen los gobernantes. Pero más burocracia se ve que es necesaria. Y, además, es lo que se «convino con el FMI»... (que para eso somos gente de cumplir lo comprometido).


En realidad, la cuestión no parece tener mayores discusiones, tampoco lo tuvo la captura literal del INDEC. Ni las desopilantes nuevas estadísticas de «riesgo-país», encargadas al hijo de sabemos quién. Las polémicas televisivas pasan por acertar si el dólar va a subir, o a bajar, o adivinar a quién le van a cortar la energía de aquí en adelante. La Bolsa marca que mucho entusiasmo tampoco abunda, que la tendencia se ha paralizado, que los volúmenes se han llamado a recato. Y que todo es un dejarse llevar, entre los intrincados pensamientos de quienes sólo buscan acumular más poder. Que terminan siendo poderes para no poder, pero para poder gastar. Y de eso se sabe mucho.


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