4 de noviembre 2004 - 00:00

Cupones bursátiles

Los bancos se convirtieron en el mascarón de proa de la tendencia, abriendo noviembre con gran concurso de demanda en torno de ellos. Y como allí está inserta la especie que es indudable base del indicador ponderado, Grupo Galicia, esto dota de energía extra a toda la nómina, que se traduce luego en una sola marca: la del Merval.

De golpeados a posibles contragolpeadores, de estar cercados por cuestionamientos y amparos a poder solicitarles la devolución a depositantes que consiguieron retirar lo suyo mediante fallos anteriores: los bancos han visto el campo despejado con la sanción de la «pesificación» legal. Por allí se ha movido la demanda, presurosa, imaginando que todo habrá de variar positivamente para tales sociedades. Y el lunes fue gran muestra de ello, con el Hipotecario a la cabeza de las alzas del día -casi 6%- pero con excelente performance del Francés, el mismo Bansud y el propio Galicia.

Entre las demás varía la tónica, con sesgos violentos en ciertos casos y en ambas direcciones. Un participante nos lanzó la pregunta directa: «¿Cómo ve el mercado?». Le dijimos: «Más vale díganos usted cómo lo ve, que está en la cocina del negocio». «Lo nuestro solamente pasa por la descripción de un escenario y ateniéndonos a ciertas pautas clásicas.» No hubo opinión de nuestro interlocutor, sólo una serie de disquisiciones sin atacar el centro del fuego. Y es que, nos tememos, la mayoría atraviesa por ese estado del «¿seguirá?». Lo que es bueno para ver una plaza cautelosa y no desbocada. Y es malo porque se advierte que las dudas están instaladas y que, al menor ruido serio, podría generarse una estampida.
 
El mercado, nos parece, sigue jugado a que todo lo que aparezca como noticia de fuste será bueno. Algunos, con más escrúpulos que otros, pero nadie se quiere salir de la rueda de la fortuna que gira desde hace dos meses. El mercado, global, parece seguir en tal tesitura: lo que no excluye aquello anterior, que haya buena cantidad de operadores con la alarma puesta al ver que la plaza derriba marcas y que hay que esperar por lo que -sugiere el movimiento- se está dando por descontado. Es como jugar sobre toneles con explosivos, imaginando que la mecha nunca llegará a prenderse. Aquella teoría, aquí expuesta, de llegar a un arreglo sea como sea -antes que afrontar las consecuencias- puede que resulte la que más adeptos gane. Que el país arreglará su problemática, sosteniendo o cambiando la oferta, como un callejón que no tiene dos salidas. Y es probable que esto así resulte, a menos que se desee arriesgar un mal trance y todo lo que se pudo lograr en cuanto al repuntar económico.

El comienzo de noviembre fue doblemente entonado, respecto de inicios de octubre. Y esto es un hecho.

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