29 de noviembre 2004 - 00:00

Cupones bursátiles

Hablar de solamente $ 23 millones de efectivo, sin feriado en Nueva York, es volver a reconocer el fondo de la lata. De la que pareció trepar el mercado, como para nunca más volver, y eso de «nunca digas nunca» resultó no sólo ser un título para James Bond, sino patrimonio histórico de nuestra Nación. Primero escalonando, después resbalando por una superficie aceitosa, la plaza local se despidió con gesto adusto de la semana. Caídas pronunciadas en la etapa de cinco ruedas, en lo que hace al Merval, más esa depresión de órdenes que apenas dio para conseguirse una meseta a lo largo del viernes. ¿Esperando qué? Lo que se pueda. Ya no hay muchas pretensiones, visto que lo de los bonos ha pasado para nuevo año, que los chinos y otros asiáticos se fueron junto con la «burbuja» oficial que se pinchó de modo lamentable.

A estas alturas, con el fin de ejercicio a la vista, es para imaginar que el común de los operadores suspira por aplicar el viejo refrán francés: «La falta de noticias ya es una buena noticia». Paren, por favor, no sigan sumando en cada semana una nueva «pálida» de origen oficial. Con solamente tener un período de calma absoluta, sin novedad alguna en ningún tema, acaso el mercado se las ingeniara para conseguir algún rebote y terminar más decorosamente.

Pero no es tan sencillo ver que el deseo se cumpla. Son tantos, hablando al mismo tiempo, mezclados en los medios, desmintiendo unos lo que afirman otros, que aparece un eslabón que lo une todo: una alocución del Ejecutivo que, con gestos desaforados, embate contra los molinos. El problema es que los seguidores de El Quijote no son todos como Sancho. Y hay quienes van advirtiendo que tratar de derribar molinos con una lanza solamente puede ser fruto de una fantasía.


Insistimos en que el único instrumento sensible, que ha revalidado su condición de ser
espejo y resultar fiel a lo que se muestra en la realidad: es la Bolsa. Son sus acciones, en su nivel de montos de negocios. Y es la inquietud que cotiza de forma irremediable.

Probablemente resulte el único ámbito, público, donde está teniendo cabida la hipótesis de mínima: aquella donde lo que venga resulte un desquicio de cuestiones sin resolver: truncas, de mala manera, con enojos y gente vociferando. Algún artículo de reconocido periódico en inglés deja traslucir que ya están bastante hartos de las posiciones locales.

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