La luz mortecina y el escenario vacío acompañan las tardes veraniegas de nuestro mercado, como en las viejas épocas. La diferencia es que lo de antes era algo natural y por vacaciones de los operadores, ahora los que se toman vacaciones son los capitales. No por la zona del calendario, sino por la apariencia de los negocios que, a ojos vista, están sufriendo de una incertidumbre de diversos orígenes: que marca la hora actual en el país. El no poder establecer a qué tipo de puerto se dirige la nave, como si navegara al garete, convierte la inversión de riesgo en otra: de sumo riesgo. Y eso es demasiado para la mayoría, aunque siempre quede un conjunto de amantes de las películas de suspenso, y de adictos al «trading», que permita extraerle alguna diferencia al mercado, ya sea actuando a la suba, o a la baja. Con solamente esto se mantiene abierto el sistema bursátil en enero, que mira con ojos de peligro el ver perforado el piso de los 1.300 puntos: porque de ahí en más se ingresa a otra etapa, más delicada para poder sostenerla.
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Trabajando sólo lo imprescindible, contando siempre con la fidelidad de una oferta que aguanta los deseos y evita producir males mayores, la plaza es un concierto de amistades en búsqueda de un solo fin: llegar amesetados a la instancia donde exista algún cable de dónde asirse, entre todos los que cuelgan dispersos en el escenario nacional. Canje, concesiones y tarifas de las privatizadas, inflación surgente, aumento de costos, ciertos disturbios políticos, ausencia de planes y estrategias. Un cajón repleto de cuestiones, de la que se continúa saliendo con mera dialéctica y posición ideológica. Una ideología que huele a rancio, que no va en favor de capitalizar el país, sino de diezmarlo más todavía. A menos que se crea que al capital le gusta ser el visitante aporreado, apostrofado dos por tres, y sintetizada en la desgraciada versión del funcionario que dijo: «Si Italia no quiere seguir comerciando con nosotros, habrá otro país que lo reemplace...» (como si estuvieran haciendo fila para venir). • La Bolsa, la más dinámica y divertida de las inversiones, es por ahora la más aburrida y monocorde en nuestro medio. Ordenes que vienen, órdenes que van, órdenes que procuran congeniar en la medianía y hacer bulto, sin contenido ni vocación precisa en la tendencia. Hay que dejar correr los días, esperar por algo que estimule a alguna de las fuerzas y ver hacia dónde rompe la ola, dejando de hacer remolinos. No arrancó nada bien 2005, no sólo para la Bolsa, sino por una imagen general que empaña el espejo. Y el espejo: es el mercado. Informate más
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