1 de febrero 2005 - 00:00

Cupones Bursátiles

La autopsia política que vimos desde el fin de semana respecto de la interpelación a Ibarra volvió a colocar sobre ajada mesa de nuestro marco societario una insólita realidad: la vetustez absurda que envuelve a nuestros códigos legales. Decía el funcionario, como para poder salir del asedio, que ese tipo de recintos utilizados para recitales de ahora estaban regido por la vieja figura del «salón de bailes», y que no se requería una autorización para los eventos, sino que solamente se los fiscalizaba en largos períodos. Esto nos trajo la imagen de cuando -desde aquí mismo- y hace unos cuantos años ya, considerábamos ridículos y ofensivos las multas y los castigos que imponía la Comisión de Valores, frente a casos flagrantes -y comprobados- de manipulaciones de acciones (el de Terrabusi y el de la anterior Indupa estaban entre los más salientes). Multitas de $ 300, amonestaciones, una especie de condescendencia que resultaba irritativa. Sin embargo, nos dieron como explicación, el organismo solamente disponía de una reglamentación añeja, inadecuada para los tiempos modernos. Y donde faltaban también configurar desvíos derivados del cambio operativo -como la informática- así como el ajuste de las penalizaciones. Más trágico aún, la carencia de encuadres rigurosos - y actuales- que envuelve a los códigos por los cuales se rige la propia Nación.

También mencionó Ibarra acerca de normas que provenían de 1910 -y solamente referidas al área específica de controles de tales recintos, imaginemos para el total- y que los sucesivos gobiernos en la Ciudad nunca se habían encargado de modificar. Igualmente se ha visto esto en el tratamiento sumamente benigno que se les ha dado a figuras del delito económico en el país: al que se trata como si no tuviera la verdadera gravedad que posee, en tren de aumentar la pobreza, el hambre, la miseria y como factor que desencaja a una sociedad.


En tanto, con bastante frecuencia leemos de proyectos que se presentan por nuestros legisladores, buscando varias el nombre de una calle (o de una estación de subterráneo), o bien sobre temas realmente pueriles, cuando hay tanto tema importante por corregir.


Cuándo se llegará a remozar, a analizar con toda seriedad y de manera completa el conjunto legal en el país, para otorgarle una base representativa para la época que corre, y confiable, no parece estar entre las prioridades de casi nadie. Existen delitos económicos propios de los avances tecnológicos y de modernas pillerías: que casi no poseen un encuadre capaz de castigarlos, con la severidad que el propio delito exige.Y así el círculo vicioso se sigue cerrando solo, exponiendo cada tanto -como ahora Ibarra- que hay una legislación decrépita pero ajustándose a ella, en vez de revisar todo.

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