2 de febrero 2005 - 00:00

Cupones bursátiles

Solamente entretenido para el «trading», se fue el mercado de enero cumpliendo con la misión de mínima: aguantar las marcas de finales de año hasta ver qué diablos sucede con el sistema de canje propuesto al mundo. Quien entró en el mes pensando en que la tónica iba a resultar positiva, vaya a saber por qué, debió asumir 4,69% de baja en esa primera etapa. Si insistió y se siguió quedando, pudo resarcir 2,69% en la segunda semana del Merval. Una vez más entonado y dispuesto a seguir desquitando la pérdida inicial, se enfrentaría a una tercera etapa de cinco ruedas y... otra vez lo tomaría un mercado en retroceso: en la ocasión, 1,41%. Acaso medio resignado, porque la plaza ofrecía su flanco más debilitado, nuestro hipotético inversor entusiasta llegó a la cuarta semana en franca pérdida.

Y allí surgió una de las tantas «variables ingobernables» -aquellas que son las dueñas de las tendencias y de los cambios bruscos- para torcer un destino marcado en otra dirección. La llegada de la comitiva española, la buena predisposición de la máxima autoridad de aquel país por dispensar respaldos a granel, otorgaron una saliente de donde asir al Merval.

Repuntando en volumen y con una rueda donde se produjo un rebote de casi 3,5%, la cuarta etapa dio ocasión de enjugar pérdidas, con 4,24 por ciento de aumento.

La última fecha no varió la cuestión, más que para redondear un tránsito prácticamente neutro del índice por el largo de enero. En definitiva, para el que decidió sacar pasaje por el viaje completo -sin escalas-y tomando la cartera Merval, fue como quedarse en casa sin hacer nada. Pero, con el sabor a victoria de verse casi estaqueado a una pérdida y encontrando que la visita de Zapatero le devolvía el aliento.

Pero los que se mueven mucho más en corto, casi en el día por día, se puede haber dado el caso de los que ganaron muy bien, acertando con los dos períodos nítidamente alcistas -segunda y cuarta docena (perdón, semana)- y saliendo de la exposición al riesgo en las semanas primera y tercera. Difícil, solamente para algunos privilegiados y buenos tiempistas, estar sólo en los buenos momentos alcistas. Para los que son de especie más normal, pudo resultar uno de los caminos más complicados y por un mercado que no repetía su orientación, variando de uno a otro signo en cada período de cinco fechas. Para quienes solamente lo observan desde afuera, sin poseer intereses en juego, el mes cerrado respondió a la incertidumbre reinante y cumpliendo con el pronóstico más lógico: de estar dando vueltas en círculos, sin poseer un rumbo concreto.

En tal aspecto, oficiando de espejo de situaciones nacionales que porfían por vivir en la nebulosa.

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