No podemos dejar de mencionar una controvertida situación planteada entre los sectores bancario y bursátil, si bien involucrando -una vez más- a los no menos controvertidos bonos de deuda pública. Hasta dónde pudiera estar perjudicando la situación al sector accionario, especialmente en lo que hace a densidad operativa, no es fácil de establecer: aunque la tendencia no estaba, justamente, en posición de seguir soportando estímulos adversos. Y que dos sectores tan vinculados, como bancario y bursátil, donde el primero de ellos inclusive está imbricado en el propio Merval, a través de acciones de éste, se hallen en disputas, no le hace bien a ningún segmento del sistema. Mucho ya se ha escrito y hablado sobre el particular, aunque conviene remontarse al origen de transacciones que, posteriormente, dieron causal a la polémica.
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Y esto parte de una nota enviada por el Ministerio de Economía a la Bolsa de Comercio, el día 3 de marzo de 2005, donde solicitaba la cotización de títulos del canje de deuda y que comenzarían a circular desde el 1 de abril. Por allí se formalizó el llamado «mercado gris», dentro de la ansiedad desatada por hacer cotizar especies que no estaban en juego.
Dentro del triunfalismo y la típica falta de previsiones, lejos estarían los funcionarios de imaginar que se plantearía un pedido de embargo contra nuestros bonos y que esto llevaría a postergaciones que, finalmente, resultarían el causal de un descalce y donde cada parte involucrada -bancos, Merval, CNV y Economía- repitió la siempre vigente figura de un elefante que es tocado por cuatro ciegos y -cada uno- teniendo una imagen distinta del animal al que tocaban, según por dónde lo habían tanteado. Una reyerta que fue subiendo de tono, donde la oposición presentada por los bancos obtuvo en los medios mucha más difusión, que la posición que presentó el Merval en las razones que llevaron a una determinación.
Una misiva del 31 de marzo, del Merval a CNV, merece ser tenida en consideración. Allí, la entidad hacía saber al titular del organismo que de acuerdo con lo que trascendía en los medios (respecto de tener que postergar la fecha del 1 de abril, ante el embargo), «las operaciones concertadas en el «grey market» no podrían ser liquidadas. Y se solicitaba que CNV intercediera ante Economía «para darle una solución al problema...». Una nota de Guillermo Nielsen simplemente sugería considerar la posibilidad de repactar las operaciones, dentro del marco del prospecto de la oferta de canje. El Merval, atento a sus propias normativas vigentes, no consideró viable tal sugerencia oficial: a partir de ello, se produjo toda la sucesión de dimes y diretes, pasando la controversia al plano de lo legal y en una madeja tan difícil de resolver: como sencillo hubiera resultado que Economía se hubiera abstenido de querer operar sobre la piel del oso... antes de cazarlo.
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