Dentro del triunfalismo y la típica falta de previsiones, lejos estarían los funcionarios de imaginar que se plantearía un pedido de embargo contra nuestros bonos y que esto llevaría a postergaciones que, finalmente, resultarían el causal de un descalce y donde cada parte involucrada -bancos, Merval, CNV y Economía- repitió la siempre vigente figura de un elefante que es tocado por cuatro ciegos y -cada uno- teniendo una imagen distinta del animal al que tocaban, según por dónde lo habían tanteado. Una reyerta que fue subiendo de tono, donde la oposición presentada por los bancos obtuvo en los medios mucha más difusión, que la posición que presentó el Merval en las razones que llevaron a una determinación.
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