20 de abril 2005 - 00:00

Cupones bursátiles

Siempre dentro del clima áspero, que propone la inflexibilidad política respecto de reabrir el canje, los representantes argentinos andan por el mundo pretendiendo enfrentar a cuantos se le crucen y creando una división de aguas que vuelve a llamar mucho la atención. Especialmente, claro, de empresarios, inversores, habitantes racionales en general, y no del exterior: sino los locales que deberán enfrentar cualquier derivación, que se produzca de todo esto. Ya parece una porfía que trasciende los análisis habituales, dejando privar la idea del orgullo por no ceder de posiciones que se jugaron muy a fondo. ¿Dónde terminará esta película?, es lo que cabe preguntarse en estos momentos, donde las cartas se han puesto a la vista y existe un aparente frente común en el mundo -lógico, por otra parte- para elogiar cuando corresponde a la actual gestión económica, brindar palabras de apoyo, pero repetir en todos los foros el mismo mensaje: «Atender a los que quedaron fuera del canje».

Casi como para decir que se formalizó un valle de incertidumbres peligrosas, todavía más serio que cuando se andaba dando vueltas sin ponerle fecha fija al inicio del canje de deuda. Porque antes se hablaba de propuestas muy agresivas en el desagio, pero ahora se trata de poner en blanco y negro si se consigue hacer humo esa enorme cantidad de millones de dólares, o si le encontrarán la vuelta para que se pueda dar satisfacción a lo que piden de afuera, haciéndolo soportable para un discurso presidencial que se fue tanto hacia una de las bandas, que es complicado hacerlo entender a la muchedumbre: si es que debe ceder. Un pesado péndulo que se mece sobre las cabezas inversoras, de la tendencia misma, donde ya se han pagado gruesas facturas bajistas desde mes y medio a esta parte.
 
Encontrar el Merval del pasado viernes apenas en unos treinta puntos por debajo del 1.300, ampliando la pérdida del índice ponderado a la zona de ocho por ciento en lo que corre de 2005, resulta el testimonio más crudo de lo que ha venido sucediendo.

El manejo que se lleva adelante, en situaciones clave, son de una temeridad tal como para poner los pelos de punta hasta al inversor más arriesgado. Son posiciones donde se está apostando a una vuelta, muy fuerte, teniendo enfrente a las principales economías. Lo que no puede extrañar para nada es que se haya producido la reacción ante la intención local de restar, de borrar directamente de sus pasivos, semejante suma. Lo insólito hubiera sido al revés, que pasarán al olvido los miles de millones de dólares, y que se pudiera consolidar la idea de hacer la mejor muestra de
ilusionismo financiero, desapareciendo esas cifras alegremente. Los funcionarios lo llaman « exigencias inusuales», ciertamente es inusual, pero no injusto.

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