Hay un test para el gobierno -nos decía Ambito Financiero en su tapa del lunes- y esto es porque iba a buscar $ 2.000 millones. Se remarcaba el hecho de que será la primera vez, después del default, donde se buscará que en forma «voluntaria» (lo de voluntaria, nosotros lo encomillamos, ya sabe el lector debido a qué) que los inversores compren títulos argentinos. Y quedaba lo más sabroso, el premio al riesgo, esa tasa que debería colocarse para volver a tales títulos atractivos. En la nota se especulaba con que la tasa podría llegar a 10%, en dólares. Y diciendo que, en pesos, «sólo hay interés si se indexa por inflación»...
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¿Sabe qué?, nos imaginamos a un siguiente gobernante -declarando su propio default- y acusando a los que tomaron esos bonos del año 2005, con rentas que debían haber advertido al inversor sobre el riesgo que corría. Repasemos lo especulado: que se los pudiera dotar de 10% -en dólares-, o que se haga un remedo de los viejos y funestos, VANAS de los '70 con la indexación inflacionaria a cuestas: ¿no resulta un premio indicativo del gran riesgo argentino? Y si no se colocan tentaciones por el estilo: ¿quién iría a comprarnos un título? Aquí el truco consiste en que se buscará matar tigres en sus jaulas, y la redada comprenderá a los fondos para jubilaciones (que Dios se apiade de futuros jubilados) o a bancos. Los que no por casualidad se ven ahora «compensados» con esa suma dada a conocer días atrás. En definitiva, no será un verdadero test voluntario, saliendo al ruedo a enfrentar a la bestia, sino con ciertas redes «voluntarias» asegurando que el asunto no resulte un papelón. Pero si con tales redes hay retribuciones altas, imaginemos qué tipo de imán habría que colocar para atraer sin compulsión. Lo cierto, el tiempo se va encargando de demostrarlo, es que cuando el país debió colocar esos premios altos para vender sus títulos de deuda, éstos eran adecuados para el tipo de economía que los emitía. ¿O es que alguno quiere salir a colocar con la tasa del bono del Tesoro de Estados Unidos? Otra cuestión es tomarse de ello para justificar el no pago de las obligaciones, que es lo que se montó en la comedia. A cada tipo de deudor le cabe una tasa y aquellos que no pueden acceder a bancos por no reunir las condiciones y concurren a escribanías saben que tendrán que pagar premios más altos, porque quienes le prestan también saben que llegaron allí por no poder acceder al crédito bancario. Será bueno observar qué tipo y retribución de bonos podrá colocar esta administración, que tanto vituperó a inversores que tomaban papeles con aquellas rentas (ahora, el test bajó a $ 1.000 millones). Informate más
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