Cuando, ingeniosamente, alguien lanzó la idea de que al cadáver nada le interesa lo que arroje la autopsia, inmediatamente se puede establecer el paralelismo y, cambiando el personaje, decir: al inversor que ha perdido capital nada le interesa que le cuenten cuál pudo haber sido el origen de su pérdida. Y si a junio le realizamos la autopsia, tras su debacle que asesinó carteras accionarias, se podría convenir que fue -en buena parte-víctima de circunstancias impensadas. Esto es, fue creándose una atmósfera dañina que terminó por abalanzarse en la última parte del mes. El tema está bastante difundido como para reinsertarlo, pero podía ser ése, o cualquier otro, que afectara de modo directo -e indirecto- al cristal de la tendencia bursátil, al ánimo de sus operadores.
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Lo que queda en pie es que otra de las denominadas «variables incontrolables» se hizo presente y realizó estragos en el Merval. En el resumen sobre junio, hablamos de algo que suena a increíble, como lo es el pasar de un Merval de 1.531 puntos en los primeros días del mes; a otro, cerrando en apenas 1.367 puntos. Una vuelta de campana, un girar sobre los talones. De mirar al Norte y hasta proyectando la búsqueda a los 1.600 puntos, a tener que observar el paisaje frío de un sur bursátil que -en las últimas ruedas- dejó a todo el mundo congelado. Y, de contabilizar ganancias, a tener que morderse los codos con una pérdida de 8% mensual.
¿Qué queda como conclusión? Que por más que se le puedan dar explicaciones al perdidoso, lo único que sabe y reconoce el buen señor es que se perdió casi una décima parte del capital de mayo. Y que, en seis meses realizados, se quedó como el cadáver de la película, mientras en otras colocaciones se hacían diferencias, a favor. • No hace mucho habíamos vuelto a tocar el punto, acerca de los miniciclos, con cláusula de autoliquidarse en apenas unos días. Y que aquí no era posible estar pensando en ciertos plazos mayores, porque la exposición en todo tipo de variable es inesperada, en el menú de todos los días, de todas las semanas. Si no viene por lo político, viene por lo económico, por lo financiero. O por medidas insólitas, como las que aquejaron a junio, que nadie podía tener previstas. Ni siquiera imaginar. El único antídoto es caminar con pie de plomo, visto el precedente otra vez desde un índice que estaba para acometer los 1.600 y terminó arrastrándose en 1.367. Por eso, da realmente risa desatada que se aprueben restricciones a mover parte del capital, hacer una suerte de «encaje» de una tercera parte y dejarlo por cierto tiempo, cuando aquí lo que le «encajan» es un garrote inesperado a la vuelta de cada esquina. Parece que quieren salir a cazar tontos desde Economía. Pero, después del canje asestado, ya casi no quedan más...
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