18 de julio 2005 - 00:00

Cupones bursátiles

Al ex presidente de World-Com acaban de condenarlo a 25 años de cárcel, en los Estados Unidos. Con esto, no es que van a desaparecer los fraudes, las contabilidades imaginativas, las trampas tendidas a inocentes inversores, pero es seguro que vale como para andarse con cuidado, por si lo pescan al personaje... En nuestro medio, los legisladores se niegan -de modo sistemático- a aumentar las penas para los delitos de orden económico. Y uno piensa, si es que nadie va estar en «chanchullos»: ¿cuál es el problema para hacerlo? En el mensaje de Néstor Kirchner, el martes pasado en la Bolsa de Comercio, algún párrafo estuvo expresamente dirigido a esto, y fue al puntualizar: «El mercado de capitales debe así contribuir al fortalecimiento de la economía en general. Y ello no se concretará si no se articulan remedios que permitan una efectiva sanción de las conductas disvaliosas en el ámbito de la oferta pública y un mejoramiento del sistema de información disponible...». Bueno, vayamos por partes y -como diría el paisano- no vaya a cortar tan grande, si no lo va a comer todo...

Quien escribió el discurso es evidente que está mal informado él, al pedir mejoramiento del sistema de información (valga la paradoja). La Bolsa de Comercio de Buenos Aires no es de ahora que está entre las mejores del mundo en cuanto a difundir información de toda índole sobre la marcha de la actividad. Baste para ello recorrer el Boletín Informativo que, a diario, aparece para todo público y con una voluminosa edición semanal, denominada «anexo». Y también es cierto que una de las cuestiones que más molestan a las sociedades es tener que cumplir con el llamado «deber de informar», donde tienen que enviar permanentes misivas a la entidad, para poner a todo el mundo al tanto hasta de situaciones que parecen poco relevantes para la compañía. No, señor, primero averigüemos en qué posición está nuestro sistema cotejemos con el resto del mundo y, después, podremos dar letra veraz: nada menos que al presidente de la Nación.



En lo referido a penalizaciones, por desvíos, muchas veces desde esta columna comentamos lo liviana que resultan éstas, ante casos de malas prácticas en perjuicio de los inversores. Pero no son muchos, ni han resultado nunca tan perjudiciales como los resonantes casos de entidades financieras quebradas, sobre las que nunca se termina de saber qué sucedió.Y, muchas veces, al poco tiempo, hemos visto a ex directivos pasearse hasta de modo soberbio por cualquier ámbito (algunos hasta han trepado a cargos públicos). El delito económico, en nuestro medio, parece que no tiene la consideración que -en realidadconlleva, cuando se mella la confianza de la gente, se la defrauda, casi de modo impune.


Defraudar, en otras partes, lleva a condenas como la mencionada. Aquí, basta con lo « excarcelable».

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