Antes de las elecciones, hablábamos del «dirigismo». La búsqueda del poder absoluto y su utilización indiscriminada. Y con ese cuadro hay que lidiar. Por más que en los índices se hayan percibido ciertos traqueteos por el recambio ministerial, seguramente que parte de ello no fue a instancias de un nombre por otro, sino por los temores sobre lo que vendrá. El sacudón no debiera durar demasiado, por conductos naturales se restablecerá algún andar más a tono con lo que ya venía en zona del último Lavagna. Que resultaba un mercado contraído, con ausencia de capital suficiente y ganando tiempo hasta que se produjera el alumbramiento de la noticia que surgió este lunes. La rueda dura resultó la primera. En la segunda, ya la reunión de indicadores actuó como queriendo generar un rebote, bajando menos y con volumen inferior a la brutal cifra del primer día. Todo esto igualmente vino apropiado para que la Bolsa -en sus paneles- hablara con la voz de quienes dicen otras cosas en términos formales. Que no gustó lo que se hizo, que generó temores, quedó grabado en la reacción inmediata de precios y volúmenes. Después, lo de siempre, la aparición de gacetillas de distintas organizaciones -temerosas por demás apoyando el cambio, a la nueva funcionaria, y a cualquier medida que se tome. Con tal de no irritar al soberano y que caigan en la crucifixión pública. Después, el mercado será objeto de convenientes aportes y tratando de borrar velozmente esa espontánea muestra del lunes pasado (no sea cuestión que el "objetivo" próximo resulten las fuerzas bursátiles).
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Procurando sintonizar las primeras emisiones que surjan por «F.M.» -Felisa Miceli-, el mercado se apresta a cerrar el ejercicio tomándose de cualquier señal medianamente traducible en «optimismo». Porque 2005 se retira y el ritmo se ha quedado varado, en marcas ya muchas veces transitadas antes. El envío del mes final podría dotar a las carteras de rendimientos que resulten más jugosos, en momentos donde la simple inversión en oro alcanzó a igualar a muchos mercados bursátiles del año (como el nuestro). Pero la asunción de un nombre impensado para el reemplazo de Lavagna generó esta zona de desconciertos y las consabidas hipótesis acerca de las manos que obrarán efectivamente. No es sencillo encontrar estímulos positivos para darle a diciembre ese empujón necesario para subir los rendimientos del año. Solamente apelando a una cuota de imaginación, o potenciando cualquier aspecto de rango inferior, se podrían hallar en el escenario de incertidumbres que predomina. Y las certidumbres primeras no resultan justamente alicientes para invertir en el riesgo puro. La cuasi seguridad de aumentar el gasto, la tranquilidad con que se toma el peligro inflacionario. Un marco de preocupaciones. Informate más
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