22 de diciembre 2005 - 00:00

Cupones bursátiles

A juzgar por los efectos, en especial los bursátiles, no resultó una noticia con fuerte adhesión la de proceder a pagar de un solo golpe la deuda con el FMI. Para el martes, el índice mayor había perforado su piso de 1.500 puntos y generando una etapa superior en el desconcierto.

Con sugestiva falta de negocios, lo que siguió al primer día de festejos efímeros resultó un desencanto tras otro. Y a pesar de que, se sabe, con cierta voluntad de mediano porte la dirección del índice es maleable al extremo. Se la puede trabajar, moldear, colocarle algunos adornos, en función de volúmenes de la zona de la Bolsa seca.

Y se debe ser recurrente en el tema del mes, posiblemente el candidato al premio mayor del año, porque la impulsiva actitud del Ejecutivo y sus allegados colocó en escena un asunto que no se tenía en consideración en ningún foro, al efectuar proyecciones para 2006.

Hasta dónde se habrán tenido que modificar ciertas previsiones, pronósticos, respecto del próximo ejercicio, es materia que nunca conoceremos. Pero es seguro que todo análisis serio habrá tenido que parar a reconsiderar estimaciones, retocando algunos tópicos, ubicando prevenciones en otros. Pero es que todavía no se llega entender del todo el mecanismo, porque se ve que la cuestión fue bien al estilo actual: lanzar la medida, el objetivo final, para recién después instrumentar alguna estrategia para llevarlo a cabo. Cuando esto sucede, las desprolijidades y falencias de implementación comienzan a deslizarse a la vista de todos. Incluso, no se sabe bien -porque nadie tuvo demasiado tiempo para analizarlo- si es que el camino elegido, con empapelamiento surtido al Central, búsqueda de créditos en diversas direcciones, resulta el más eficaz para dar el gusto a nuestros gobernantes.

 

En una palabra, la última etapa del año se revistió de un nuevo valle de incertidumbres. Y al mercado no le caen bien los estados gaseosos; prefiere un marco de referencia concreto -aunque sea malo- para encaminar la tendencia hacia uno de los lados. Otros considerandos siguieron a la novedad del FMI, con De Vido ocupando el centro de la escena y colocando lo que parece una lápida para reclamos tarifarios. Inclusive, haciendo ver que como se han perdido ciertos puntos de presión, que venían del Fondo, las empresas han quedado desamparadas y bajo el exclusivo designio de quien conceptuó que los balances de tales empresas «son buenos». No está aclarado si se refiere a saldos operativos, los que sirven, o se maneja por líneas finales (lo más probable) y tampoco se conoce cuál es el medidor de utilidades que el funcionario considera como «bueno», para tales resultados. No hay ninguna euforia inversora por los balances de «servicios», algunas -lo vemos a diario, cuando lo comentamosestán en un punto límite de resultados bajos. Todo es una bruma, que hay que ver cómo se levanta.

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